sábado, 14 de marzo de 2026

EL PRENDIMIENTO DE CRISTO Y SU ORIGEN EN LA SEMANA SANTA DE MONTILLA

La edición actual del diccionario de la Real Academia Española define la palabra prendimiento con tres acepciones. La primera: “Acción de prender, captura”. La segunda: “por antonomasia, prendimiento de Jesucristo en el Huerto”. Y la tercera: “Pintura o grupo escultórico que representa el prendimiento”.

La imagen de Jesús de las Prisiones, cuyo primer nombre
fue «Santo Cristo del Prendimiento
» en el siglo XVII.

En apenas dos líneas la RAE nos invita a recordar la escena de la tarde del Jueves Santo interpretada en la montillana Plaza de la Rosa –nuestro particular Getsemaní– desde 1914.

Si retrocedemos en el tiempo y consultamos el que está considerado primer diccionario de nuestro idioma, el Tesoro de la lengua castellana, o española, publicado en 1611 por Sebastián de Covarrubias, al transitar entre sus páginas hallamos una escueta y certera definición de Prendimiento: «dizese solamente del que Judas hizo vendiendo a su Maestro» (fol.595r).

Esta breve frase demuestra que el vocablo prendimiento ya era utilizado en el lenguaje barroco del siglo XVII hispánico, aplicado en exclusividad al episodio bíblico ocurrido a Jesucristo en el huerto de los olivos, en los extramuros de Jerusalén.

En este sentido, la acción de prender a Jesús era cita obligatoria en los populares sermones «del paso» que los predicadores exhortaban en las puertas del templo al inicio de cada estación de penitencia, a fin de «mover a compasión» el corazón de los cofrades y público allí congregado en torno a una sagrada imagen o misterio. Es de suponer que el pasaje del beso y traición de Judas –uno de los doce amigos de Jesús– tomaría especial protagonismo en Montilla a partir de 1625, cuando se fundó la cofradía de la Limpia Concepción de la Virgen María y el Cristo de la Oración en el Huerto, que procesionaría el paso evangélico antecedente al prendimiento.

A lo largo del siglo XVII la Semana Santa montillana crecerá en número de cofradías y de pasos –futuras hermandades– que completarán la representación plástica y visual de cada uno de los trances de la pasión de Cristo. Dentro de esta fervorosa corriente religiosa de acercar al pueblo llano el rostro humano de Dios, a mediados del seiscientos debió aparecer el paso del prendimiento en nuestra Semana Mayor.

Hasta ahora sólo se tenían vagas noticias de este paso representado por la imagen de Jesús de las Prisiones (primer titular de la actual cofradía de Jesús Preso, que en la actualidad se venera en Palma del Río), del que las referencias más antiguas databan del siglo XVIII. Hoy traemos hasta las páginas de esta publicación un interesante testimonio documental que retrotrae el uso popular del término prendimiento y su representación plástica en Montilla hasta 1667, a la sazón integrado en el cortejo procesional de la cofradía de la Vera Cruz, que venía a complementar la serie de los pasos ya existentes desde años atrás como eran la flagelación de Cristo amarrado a la columna (1601), la presentación al pueblo y coronación de espinas «Ecce Homo» (1597) y la Crucifixión en el monte Calvario [Cristo de Zacatecas], además de la soledad de la Virgen María [del Socorro].

Con este objeto, el 8 de mayo de 1667 comparecieron ante el hermano mayor de la Vera Cruz, Cristóbal de Aguilar Granado, un grupo de trece devotos encabezados por Pedro Solano a quien manifestaron su propósito y “devoción de sacar el paso del santo Christo del Prendimiento que está en la dicha hermita en la procesión de Jueves Santo y demás que se ofrecieren entre año, y asimismo sacar doce hachas que vayan alumbrando el dicho paso a costa de los susodichos”(1).

[... los dichos Pedro Solano y demás referidos en esta / escriptura tienen deboción de sacar el paso del santo / Christo del prendimiento que está en la dicha hermita / en la procesión de Juebes Santo y demás de que se ofrecieren...]

Asimismo, extendían su compromiso a “estar puntuales en el asistencia de dicha procesión y demás que se ofreciere, y llamamientos que se les hicieren”. En consecuencia a la obligación que asumían, se reservaron el derecho de poder transferirla “por falta dellos, cada uno en su lugar a de poder nombrar a la persona que le pareciere de hijos, nietos y sus descendientes y a falta dellos a la persona que les pareciere sin que en esto el dicho hermano mayor ni cofrades de la dicha cofradía les puedan impedir los dichos nombramientos en el dicho paso y hachas”.

Por su parte, la cofradía de la Vera Cruz se obligaba a mantener a su costa “todas las veces que fuere necesario, hazer andas o adobarlas y renovar el paso”. Del mismo modo, el hermano mayor se reservaba el derecho “de poder nombrar por aquella vez persona que lo sirva” si se daba el “caso que los dichos Pedro Solano y demás referidos sus compañeros por enfermedad o por ausencia no pudieren salir en dicho paso, […] y esto a de ser todas las veces que lo tal suceda a costa del que así faltare, […] a quien referido quiera dar de limosna la cera que así se quemare en dicha procesión”.

También, la cofradía advertía a los citados devotos “del paso del santo Christo del Prendimiento que está en la iglesia y hermita de la Santa Vera Cruz desta ciudad [que] no han de poder vender cada uno el derecho que tienen a sacar el dicho paso porque caso que lo tal hagan a de ser visto suceder en su lugar del que así lo vendiere, la dicha cofradía y su hermano mayor para darlo a quien pareciere”.

Y así, con la formalización de este compromiso ante el escribano público Francisco Varea Trillo, ambas partes “contenidos en esta escritura cada uno por lo que les toca” se obligaron a cumplirla “para siempre jamás, y todas las veces que fuere necesario”.

Estos trece devotos se llamaron: Antonio de Priego, Juan López Redondo, Juan de Soto, Diego Felipe, Juan López el Rubio, Bartolomé Ruiz de Cádiz, Juan Ruiz Prieto, Ignacio de Espejo, Antonio de Luque de Alba, Bartolomé Rodríguez el Rubio, Sebastián Muñoz, Alonso Ruiz de Zafra y el citado Pedro Solano “todos vecinos desta ciudad”.

Una nostálgica estampa del acto del Prendimiento a mediados del siglo XX presidida por
el Señor de las Prisiones.

Ellos, sin sospecharlo, ocasionaron la transmisión del pasaje evangélico del prendimiento de Cristo en el huerto de los olivos y asimismo fueron el germen de una devoción que años después se organizó en Hermandad, en el seno de la cofradía de la Vera Cruz, en torno a la antigua imagen de Jesús de las Prisiones (atribuida a las hermanas Cueto, por el historiador Dámaso Delgado). 

Con el paso de los siglos y la desaparición de la vieja ermita, la imagen del Señor fue trasladada a la parroquia de Santiago en 1810 y de allí a la ermita de la Rosa, para protagonizar a partir de 1914 la escena del Prendimiento. El destino y la piedad popular le hicieron recuperar la esencia de su razón y aquella primitiva advocación olvidada que permitió la creación de una nueva Hermandad, esta vez prendido y escoltado la tarde del Jueves Santo por una inédita «Corporación de Soldados Romanos» creada el año anterior en el seno de la cofradía de Jesús Nazareno que vino a renovar la música y la estética de la Semana Santa montillana, cuya memoria de cornetas y tambores, lanzas y penachos, es mantenida y prolongada en los tiempos que corren por la Centuria Romana Munda.

*Artículo publicado en la revista La Voz de los Romanos. Año XXIV, nº 24, (marzo, 2026), págs. 16-17.

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(1)   Archivo de Protocolos Notariales de Montilla. Oficio 7º. Leg. 1229, fols. 422-423.