El próximo 27 de diciembre se cumplen
trescientos años de la canonización de San Francisco Solano, una efeméride que
los montillanos no debemos dejar pasar, pues muchos son los motivos para
conmemorar este hito en la glorificación de nuestro paisano y patrono.
Montilla es una ciudad agraciada por la
Historia, sólo basta enumerar la cantidad de personajes que –de algún modo–
están ligados a ella, desde el Medievo a la actualidad. Mujeres y hombres que
llevan impreso el nombre de nuestra ciudad en sus biografías siglos después de
haber salvado por méritos propios el peaje del olvido y del ostracismo.
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| Estampa de San Francisco Solano grabada en Roma y publicada en "La vita del gran servo de Dio Fra Francesco Solano", impresa en 1672. |
Uno de sus personajes ilustres es San Francisco
Solano, aquel hijo de Mateo Sánchez y Ana Ximénez que vio la luz de la vida el
9 de marzo de 1549 en una casa de la calle Sotollón, y que entregó su último
aliento el 14 de julio de 1610 en Lima (Perú) en la esperanza de encontrarse
con Dios, a quien había consumido su vida en transmitir incansablemente el
mensaje evangélico a las gentes de un ignoto Nuevo Mundo que se abría a los
ojos de la vieja Europa.
Aquella vida ejemplar y heroica del seráfico
Francisco Solano fue testimoniada y recopilada gracias al empeño de sus
hermanos y discípulos de la Orden Franciscana, quienes consiguieron el
reconocimiento oficial de sus virtudes por parte de la Iglesia Católica. Como
resultado, fue beatificado por el pontífice Clemente X en 1675 y canonizado por
Benedicto XIII en 1726, compartiendo ceremonial de proclamación en San Pedro
del Vaticano con otro de los célebres santos españoles del Siglo de Oro, el
reformador carmelitano San Juan de la Cruz.
La gran labor misionera de San Francisco Solano
se desarrolló entre 1590 y 1610, en los confines hispánicos de lo que hoy
llamamos Sudamérica. Por ello, su legado y recuerdo motivó una ferviente
devoción americana hacia el venerable ‘Padre Solano’ en los años posteriores a
su óbito, que se ve reflejada en los numerosos lugares e instituciones
virreinales en que fue votado por patrono. No en vano, en 1635 ya lo era de
casi una veintena de ciudades y poblaciones de las que guardaban memoria de su
estancia, desde La Habana hasta Lima, pasando por Cuzco y Panamá.
Montilla no fue ajena de este fervoroso peregrinaje
de San Francisco Solano hacia los altares. Nuestra ciudad se convirtió en lugar
de paso obligado para los postuladores de la causa de beatificación y canonización
que se dirigían a Roma.
Por tal motivo, es probable que los patronazgos
de Solano en la península ibérica llegaron algo más tarde y se limitaron a la
tierra que lo vio nacer. Así, el 25 de marzo de 1647 las autoridades
montillanas, presididas por los marqueses de Priego, se congregaron en el
convento de San Lorenzo a iniciativa de los propios nobles para votar por
patrono de la ciudad al venerable Francisco Solano “desde ahora, para cuando su
Santidad lo beatificare y diere licencia para ello”.
Una vez se había producido la beatificación del
santo Solano, este voto fue reafirmado por las autoridades municipales en 1680
a instancias del marqués de Priego, ya residente en Madrid. Unos meses después,
se inició el proyecto de levantar un templo sobre el solar de su casa natal.
Sería el propio marqués el encargado de colocar la primera piedra del nuevo
recinto sagrado, en cuyo acto entregará 1.000 ducados de limosna para levantar
la fábrica del templo patronal, cuya edificación estaba concluida en 1696.
Como ya se ha dicho, San Francisco Solano fue
canonizado el 27 de diciembre de 1726, aunque la noticia de tal efeméride llegó
a Montilla en febrero del año siguiente. Fue tal la cantidad de fieles que
asistían a los oficios religiosos que los regidores municipales solicitaron al
marqués de Priego la ampliación de la iglesia, con la construcción de un coro
capaz de acoger a las autoridades y a los músicos. Para el mes de octubre se
celebraron dos octavarios entre los días 13 y 28, donde los más célebres
oradores de Andalucía se afanaron en exaltar las virtudes de santidad del
llamado Apóstol del Perú.
Una vez canonizado el mejor de los
montillanos llegó el momento de ratificar el vínculo protector de la ciudad
que gozaba de ser la cuna y escuela del nuevo santo. Así, en marzo de 1732 el
Concejo municipal acordó celebrar un cabildo abierto a toda la población,
convocado para el día 6 de abril, donde revalidar el voto de patronazgo sobre
Montilla del ya glorificado Francisco Solano.
En el Archivo Parroquial de Santiago, además de
la partida de bautismo y la carta de Francisco Solano a su hermana Inés, existe
varia documentación eclesiástica relativa al voto de patronazgo que el llamado «estado
eclesiástico» local llevó a cabo sobre nuestro venerado paisano, que parece haber
escapado a los biógrafos del Apóstol de América.
Esta documentación trata del proceso que el clero
local llevó a cabo a la par que los regidores montillanos para votar por su
patrono a San Francisco Solano. Con este juramento, los clérigos seculares se
sumaban así a la causa promovida por las autoridades municipales, a fin de
refrendar con su voto la voluntad unánime de los tres estamentos sociales.
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| Carta del cardenal Salazar y Góngora autorizando el cabildo eclesiástico para votar por patrono a San Francisco Solano. |
El prelado no tardó en contestar afirmativamente
el día 5 de abril, “por concurrir en algo con la prontitud, a mi
particular devoción a Sr. San Francisco Solano, diré a Vuestra merced que me
parece mui bien, que Vm. convoque a todo el estado eclesiástico a cauildo,
donde según los decretos pontificios, se digan los dictámenes en cosa tan grave,
como la elección de Patrono, con toda solemnidad i libertad; si la puede auer,
en casos tan claros de justicias, con un vecino i santo de tales
circunstancias”. Asimismo, el cardenal Salazar confesaba al vicario montillano
en su epístola: “yo por lo menos lo tengo
por singular Patrono”.
Una vez recibida la misiva del Ordinario del
lugar, los presbíteros, clérigos y capellanes residentes en Montilla fueron “zitados todos y convocados en la
forma acostumbrada” por el vicario de
la ciudad, quien le instó a concurrir a la iglesia parroquial de Santiago el día 7 de abril de 1732.
Al cabildo asistieron un total de setenta
religiosos y dos notarios. Tomó la palabra el vicario, quien “manifestó a todo el congreso que por lo mucho que ymporta
a esta dicha ciudad la elección de Patrono en señor San Francisco Solano su
hijo nobilísimo, se a excitado el pueblo a hazerlo formal y solemnemente según
los Decretos Pontificios y a solizitado también que este clero y estado
eclesiástico concurra por su parte a solemnizar la elección referida, dando su
consentimiento según ordena la Bulla de su Santidad el Sr. Urbano octavo”.
Prosiguió el vicario dando lectura a la misiva del
prelado cordobés: “y para mayor firmeza deste acto dio quenta dicho Sr. Vicario
al Sr. D. Pedro de Salazar y Góngora, cavallero del orden de Calatrava, deán y canónigo
de la Santa Yglesia de Córdoba y gobernador deste obispado, en cuia virtud su
señoría dio su carta orden cometida a dicho Sr. Vicario para que se celebrase
esta junta, la qual se hizo notoria”.
A continuación “el dicho Sr. Vicario exortó a los señores
curas, sacerdotes y demás señores votantes a fin de que acuerden lo que sea más
conveniente en dicha elección de Patrono a Sr. San Francisco Solano, por lo que
es más recomendable el parezer de cada eclesiástico, por ser los individuos más
cuerdos, más escogidos y más nobles desta ciudad, y que tanto a de conducir
para que logre el Pueblo su deseo y fortuna en el Patronato de Sr. San
Francisco Solano, que tanto lo a ilustrado por su santidad y virtudes,
comunicándole sus favores y protección”.
Acabada la intervención del vicario, se procedió a la
votación secreta: “Y entendidos así, dichos señores curas, sacerdotes y
eclesiásticos y recevidos sus Botos secretamente todo el clero uniformemente,
sin discrepancia ni Boto contrario, acordaron que Elegían y Eligieron por
Patrono a dicho Sr. San Francisco Solano para que lo sea único y principal,
como lo a sido en el afecto de todos hasta ahora”.
Igualmente, los eclesiásticos montillanos “se conformaron a que el día de Sr. San Francisco Solano
sea festivo en esta ciudad y su distrito, y si para este efecto fuera útil lo
suplicará por sí este clero a su Santidad, y desde luego haze la más reverente
súplica en quanto sea jurídico de todo y de la aprobación de la Santa Sede y de
la Sagrada Congregación”.
De vuelta al cabildo, los eclesiásticos montillanos culminaron
el acta notarial recordando uno de los testimonios más preciados que se
conservan en el archivo de la iglesia parroquial de Santiago: “y todo el clero
hizo memoria de las causales eficazes que ai para dicha elección, tanto por ser
natural dicho Sr. San Francisco Solano desta ciudad y estar baptizado en esta
Parroquia a diez días de marzo de mil quinientos y quarenta y nueve años, cuia
fee de baptismo se conserva en su archivo, como por Abogado contra la peste en
la ocasión que la padeció esta ciudad”.
Dieron fe de todo lo tratado y aprobado los notarios Manuel Francisco del Valle y Juan González Hidalgo, a cuyas rúbricas siguieron las firmas de todos los asistentes al cabildo, cuyo testimonio documental se halla recogido entre los folios 147 y 150 del Libro de la cofradía del Santísimo Sacramento donde se escriben los [cabildos e] inventarios de toda la hazienda de dicha cofradía (1672-1793), guardado en el citado Archivo Parroquial de Santiago.
*Artículo publicado en la revista "Nuestro Ambiente". Año XLVIII, núm. 505 (Octubre, 2026); págs. 19-21.











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