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| Aspecto que presentaba el Señor de la Humildad antes
de ser intervenido por Miguel Arjona en 1990. (Archivo Diputación Provincial de Córdoba) |
Todas
estas imágenes sagradas –y otras más que fueron integradas en los cortejos procesionales
del Jueves y Viernes Santo– fueron felizmente recuperadas para rememorar la
pasión de Cristo según Montilla.
Pero
cada una de las antiguas imágenes que volvieron a las calles de nuestra ciudad
en la Semana Mayor abriga un pasado, más o menos conocido, que le hace poseedor
de su propia historia vinculada no sólo a una hermandad, orden religiosa o
congregación, además guarda un pasado asociado a un artista, a la devoción de
un mecenas, o a un linaje familiar.
Así
sucede con la efigie de Jesús de la Humildad y Paciencia, de quien vamos a
profundizar en sus orígenes ligados al ámbito de la caridad y hospitalidad de
los hermanos de san Juan de Dios, una orden fundada en Granada bajo los
auspicios del propio santo Maestro Juan de Ávila.
Los
“hermanos de la capacha” –como eran conocidos– se instalaron en Montilla en
1601 para hacerse cargo de los hospitales de la Caridad y de La Encarnación. La
fundación del convento-hospital de San Juan de Dios no se hará efectiva hasta
1664, gracias al patrocinio del VI marqués de Priego, Luis Ignacio Fernández de
Córdoba. Para ello, la Orden recibirá en propiedad los bienes y rentas de los
hospitales que ya regentaban, así como la iglesia de Ntra. Sra. de los Remedios
(también llamada de Santa Catalina).
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| Detalle de la firma del doctor Juan Bernabé de
Arroyo, donante de la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia. |
Con
el paso del tiempo el propio Juan Bernabé de Arroyo y su familia se integró
plenamente en la cofradía. Existen testimonios documentales donde el reputado
médico aparece ejerciendo de hermano mayor en 1667. Del mismo modo, hubo de
tener una estrecha relación con los frailes hospitalarios, habida cuenta de su
profesión y oficio de “médico del cabildo, justicia y regimiento desta ciudad”[5],
además de estar avecindado en la calle Puerta de Aguilar, en el tramo que
discurre entre la plazuela del Peso (hoy de La Inmaculada) y el convento-hospital
(hoy Ayuntamiento).
Por
tal motivo, una vez que la iglesia de los Remedios pasó a manos de la Hospitalidad
de San Juan de Dios (1664), el general de la Orden, Fray Francisco de San
Antonio, en una visita girada al convento montillano agració al doctor y a su
descendencia con la donación de una sepultura “en remuneración y paga de los
repetidos beneficios que este dicho convento recibió de dicho Dr. D. Juan
Bernabé de Arroyo… contigua a el altar del Santo Christo de la Humildad, que
corre por delante de parte a parte de su frontal…”[6]
Así
sucedió cuando en los primeros días de septiembre de 1694 el anciano doctor
falleció[7] y
fue inhumado al pie de la imagen de su devoción, donde esperar la luz de la eternidad.
No
en vano, los descendientes de Juan Bernabé continuaron ligados a la cofradía de
la Concepción y a los hospitalarios de San Juan de Dios. Uno de los hijos, el
Lcdo. Juan Antonio de Arroyo, se ordenó sacerdote y fue el capellán que asistió
a la obra pía fundada por su progenitor. Del mismo modo, hay constancia de que
tres de los nietos del médico fueron fervientes devotos del Señor de la
Humildad, como lo reafirmaron en sus últimas voluntades, como ahora veremos.
En
las procesiones públicas, las familias más acaudaladas de la sociedad local se
destacaban del resto de vecinos y cofrades portando un hacha de cera blanca y
cuatro pabilos, lo que ofrecía en la noche una luz más intensa y limpia; un
gasto que no todas las cofradías se podían permitir. Parece que la familia
Arroyo mantenía una de las escasas hachas de este tipo que alumbraban durante
la estación penitencial del Miércoles Santo.
El
presbítero Nicolás de Arroyo, comisario del Santo Oficio de la Inquisición y
nieto de Juan Bernabé[8],
falleció en 1752. En la repentina enfermedad que le precedió, otorgó un poder
notarial a su hermana Isabel para que testara en su nombre, quien lo hizo unos
días después de su óbito, disponiendo lo que le había transmitido de palabra en
su lecho de muerte.
Habida
cuenta del alto coste de la cera pura en aquellos tiempos, entre las cláusulas
testamentarias la apoderada dejó constancia de que “previno y mandó el dicho
Sr. D. Nicolás mi hermano que el hacha que tiene en la cofradía del Señor de la
Humildad que se sirve en el convento de Sr. San Juan de Dios desta ciudad se
conserve y saque todos los años en las procesiones, pagando la cera que se
quemase como se ha hecho hasta aquí, y así lo declaró para que corra dicha
devoción”[9].
Doña
Isabel, doncella y vecina de la calle Enfermería, otorgó su testamento semanas
después de su hermano y ratificó a sus herederos la disposición anterior: “Ítem
es mi voluntad que el hacha que está en la cofradía del Señor de la Humildad…
se mantenga por mis herederos y se saque y costee en las procesiones según y
cómo se previno por D. Nicolás de Arroyo mi hermano”[10].
Aunque
el mayor legado familiar ofrecido al Cristo de la Humildad será el dispensado por
la tercera de los hermanos, doña Úrsula de Arroyo y Aguayo, también doncella y
vecina de la calle Corredera, quien ordenó sus últimas voluntades en febrero de
1768.
Doña
Úrsula era poseedora de un extenso patrimonio compuesto de bienes urbanos,
rústicos, joyas y muebles. En su testamento decide instituir un Vínculo que sujete
la mayoría de los bienes y rentas libres de cargas que posee, cuyo usufructo
recaerá sobre su hermana Isabel y después de sus días pasará a sus sobrinos.
A
los herederos y futuros poseedores de los bienes vinculados impone que una vez
“regulada la renta que tenga se vean las misas que a razón de seis reales cada
una que tengan cabimiento, y estas las diga [el pariente clérigo más pobre] en
el dicho Altar del Ssmo. Christo de la Humildad, que se sirve en dicha iglesia
de Sr. San Juan de Dios, en los días de fiesta a la hora de las onze, a lo que
le ha de obligar el Prior de dicho convento, y el Patrono de la capilla”[11].
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| Un instante de la estación de penitencia de la cofradía de la Humidad y Caridad la noche del Martes Santo. (Foto: Chema G. Mármol) |
No
obstante, antes de instaurar el vínculo, la testadora impone sobre varios de
sus bienes rústicos “una misa cantada con diáconos, que se ha de decir y
celebrar el Lunes Santo de cada un año perpetuamente en el Altar del Ssmo.
Christo de la Humildad, que se venera en la iglesia del convento… por cuya
limosna se han de pagar catorce reales en cada un año a el dicho convento”[12].
Además
de todo lo expuesto, entre las mandas testamentarias doña Úrsula remitió “a D.
Francisco de Borja Ruiz Lorenzo mi sobrino Abogado de los Reales Consejos y
vecino de esta ciudad doscientos reales de vellón para que los convierta en el
adorno de la capilla y retablo de la Imagen del Ssmo. Christo de la Humildad
que se sirve en la dicha iglesia del convento hospital de Sr. San Juan de Dios
de esta ciudad, y quiero y es mi voluntad que si dicha capilla estuviere
concluida a el tiempo de mi fallecimiento se dé sepultura en ella a mi cadáver
porque así es mi voluntad”[13].
La
piadosa nieta del médico Juan Bernabé de Arroyo murió en abril de 1769[14]
y, al igual que sus hermanos y otros familiares, no pudo recibir sepultura en
la nueva capilla de la Concepción y altar del Cristo de la Humildad ya que las
obras del nuevo templo se prolongaron hasta febrero de 1771; pero a buen seguro
la aplicación anual de las misas votivas y el generoso donativo para la
ornamentación de su nuevo altar y retablo contribuyeron a aumentar la devoción
de los montillanos al Señor de la Humildad y Paciencia.
[1] Archivo
Parroquial de Santiago de Montilla (APSM). Libro nº 12 de Bautismos, fol. 300v.
[2] APSM. Libro
nº 12 (pequeño) de Desposorios, f. 95r. Cfr.
Libro nº 7, fol. 51r.
[3] LORENZO
MUÑOZ, Francisco de Borja: Historia de la
M.N.L. Ciudad de Montilla (Ms. 1779), pág. 117.
[4] Archivo
de Protocolos Notariales de Montilla (APNM). Oficio 3º. Leg. 445, fols. 213-215.
[5] Ibidem.
[6] APNM. Of. 6º. Leg. 1063, f. 591-592. APSM. Libro donde se apuntan los cavildos, que haze la Cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción, la que se venera en el Convento del Sr. San Juan de Dios de esta ciudad, fols. 55-56.
[7] APSM. Abecedario de difuntos, [s. fol.]
[8] Los hermanos Nicolás, Isabel y Úrsula era hijos de don José Sánchez de Arroyo, regidor y familiar del Santo Oficio, y de doña Mariana de Aguilar y Aguayo.
[9] APNM. Of. 4º. Leg. 707, fols.
111, 141-143.
[10] APNM. Op. cit., fols. 185-187.
[11] APNM. Of. 7º. Leg. 1307,
fols. 60-64.
[12] Ibidem.
[13] Ibid.
[14] APSM. Abecedario de difuntos, [s. fol.]



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