sábado, 21 de febrero de 2026

EL MÉDICO JUAN BERNABÉ DE ARROYO, DONANTE DEL CRISTO DE LA HUMILDAD Y PACIENCIA*

Aspecto que presentaba el Señor de la Humildad antes de ser
intervenido por Miguel Arjona en 1990.
(Archivo Diputación Provincial de Córdoba)

En unos días volverá la ceniza a nosotros para recordarnos que comienza la Cuaresma para desembocar en la Semana Santa. Llegan los días de mudar la mirada y elevar los rezos hacia las imágenes sagradas que nos recordarán en las calles y plazas la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

La Semana Santa montillana goza de un rico patrimonio histórico-artístico entre las imágenes titulares de las cofradías que procesionan en la actualidad. No sólo nos referimos a las antiguas corporaciones nacidas en el siglo XVI, sino también en las hermandades constituidas en el siglo XX que iniciaron su andadura rindiendo culto a antiguas efigies de Cristo y la Virgen María que, por avatares de la historia, habían caído en el olvido de la piedad popular.

Fue el caso de la cofradía de Jesús Preso (o de las Prisiones) creada en 1914 a partir de figuras de los pasos pasionistas de la antigua ermita de la Vera Cruz y de una Dolorosa proveniente del convento franciscano. Lo mismo le sucedió a la hermandad de la Misericordia, nacida en 1974, que en sus inicios rindió culto a un Crucificado originario de la capilla nazarena del convento agustino. Tal solución fue la tomada por los fundadores de la hermandad salesiana del Cristo de la Juventud, que en 1988 adoptaron como titular al antiguo Ecce Homo de la Vera Cruz que estaba depositado en la recoleta ermita de la Paz. Y, por último, ya en 1994 un grupo de feligreses de la parroquia de San Francisco Solano restablecía el culto a una imagen del Cristo de la Humildad que décadas atrás había llegado a la casa de nuestro Patrono procedente de la clausurada iglesia de San Juan de Dios.

Todas estas imágenes sagradas –y otras más que fueron integradas en los cortejos procesionales del Jueves y Viernes Santo– fueron felizmente recuperadas para rememorar la pasión de Cristo según Montilla.

Pero cada una de las antiguas imágenes que volvieron a las calles de nuestra ciudad en la Semana Mayor abriga un pasado, más o menos conocido, que le hace poseedor de su propia historia vinculada no sólo a una hermandad, orden religiosa o congregación, además guarda un pasado asociado a un artista, a la devoción de un mecenas, o a un linaje familiar.

Así sucede con la efigie de Jesús de la Humildad y Paciencia, de quien vamos a profundizar en sus orígenes ligados al ámbito de la caridad y hospitalidad de los hermanos de san Juan de Dios, una orden fundada en Granada bajo los auspicios del propio santo Maestro Juan de Ávila.

Los “hermanos de la capacha” –como eran conocidos– se instalaron en Montilla en 1601 para hacerse cargo de los hospitales de la Caridad y de La Encarnación. La fundación del convento-hospital de San Juan de Dios no se hará efectiva hasta 1664, gracias al patrocinio del VI marqués de Priego, Luis Ignacio Fernández de Córdoba. Para ello, la Orden recibirá en propiedad los bienes y rentas de los hospitales que ya regentaban, así como la iglesia de Ntra. Sra. de los Remedios (también llamada de Santa Catalina).

Además de los frailes hospitalarios, los enfermos eran asistidos por alguno de los dos médicos titulados residentes en la ciudad. A mediados del siglo XVII uno de ellos es Juan Bernabé de Arroyo, que será el donante de la imagen del Cristo de la Humildad a la iglesia del hospital en que ejercía la profesión galena, como ahora veremos.

Juan Bernabé fue hijo de Antón de Arroyo y Juana Rodríguez, había nacido el 10 de junio de 1613 tras un parto complicado que hizo que fuera bautizado por Francisca García “la comadre” (o sea, la matrona) quien le impuso los nombres de su madre y del santo del día, practicando después “los exorcismos” el párroco Pedro Ximénez Hidalgo[1].

Poco más sabemos de Juan Bernabé hasta su matrimonio. Es probable que estudiara las primeras letras en el colegio jesuita de La Encarnación y después se trasladara a Granada para obtener en la universidad los grados de licenciado y doctor en Medicina.

Detalle de la firma del doctor Juan Bernabé de Arroyo,
donante de la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia.

En 1640, con sólo 27 años, ya lo encontramos titulado con el grado de Doctor en Medicina, cuando contrae matrimonio con María de los Ángeles Fernández Rubio el 22 de diciembre en la parroquia de Santiago[2]. Como apunte curioso, entre los testigos de las nupcias aparece el otro médico local, el doctor Andrés de Espejo, gran mecenas del patrimonio artístico montillano.

Como narra el historiador Lorenzo Muñoz, sin precisar la fecha, Juan Bernabé trajo a su costa de Granada una Sagrada imagen de Jesús en el trance de su humildad y paciencia, es de las más peregrinas que pueden apetecerse, teníala en su oratorio, clamáronle y la dio a el convento[3].

La primera referencia de la que se tiene constancia de su veneración pública data del 9 de julio de 1659, cuando el médico decide “instituir y fundar de mis propios bienes y hacienda una perpetua capellanía” en la iglesia hospitalaria de los Remedios, dotada de una serie de fincas rústicas valoradas en 700 ducados, cuyas rentas fueron destinadas a sufragar los gastos de diez misas anuales aplicadas por el alma de los difuntos de la familia en señalados días de la onomástica de su devoción, entre la que se contaba “la octava, el miércoles santo en el altar del Santo Xpto. de la humildad que está en la iglesia y ermita de Nra. Sra. de los rremedios, de pasión”[4].

Es probable que alrededor de ese año la imagen del Cristo de la Humildad se agregase a la cofradía de la Pura y Limpia Concepción de María, una corporación pasionista establecida en aquel templo desde 1625, que desde sus inicios realizaba estación de penitencia la tarde del Miércoles Santo con sus titulares, Jesús en la Oración del Huerto y la Virgen de la Concepción dolorosa (hoy con el título de Esperanza).

Con el paso del tiempo el propio Juan Bernabé de Arroyo y su familia se integró plenamente en la cofradía. Existen testimonios documentales donde el reputado médico aparece ejerciendo de hermano mayor en 1667. Del mismo modo, hubo de tener una estrecha relación con los frailes hospitalarios, habida cuenta de su profesión y oficio de “médico del cabildo, justicia y regimiento desta ciudad”[5], además de estar avecindado en la calle Puerta de Aguilar, en el tramo que discurre entre la plazuela del Peso (hoy de La Inmaculada) y el convento-hospital (hoy Ayuntamiento).

Por tal motivo, una vez que la iglesia de los Remedios pasó a manos de la Hospitalidad de San Juan de Dios (1664), el general de la Orden, Fray Francisco de San Antonio, en una visita girada al convento montillano agració al doctor y a su descendencia con la donación de una sepultura “en remuneración y paga de los repetidos beneficios que este dicho convento recibió de dicho Dr. D. Juan Bernabé de Arroyo… contigua a el altar del Santo Christo de la Humildad, que corre por delante de parte a parte de su frontal…”[6]

Así sucedió cuando en los primeros días de septiembre de 1694 el anciano doctor falleció[7] y fue inhumado al pie de la imagen de su devoción, donde esperar la luz de la eternidad.

No en vano, los descendientes de Juan Bernabé continuaron ligados a la cofradía de la Concepción y a los hospitalarios de San Juan de Dios. Uno de los hijos, el Lcdo. Juan Antonio de Arroyo, se ordenó sacerdote y fue el capellán que asistió a la obra pía fundada por su progenitor. Del mismo modo, hay constancia de que tres de los nietos del médico fueron fervientes devotos del Señor de la Humildad, como lo reafirmaron en sus últimas voluntades, como ahora veremos.

En las procesiones públicas, las familias más acaudaladas de la sociedad local se destacaban del resto de vecinos y cofrades portando un hacha de cera blanca y cuatro pabilos, lo que ofrecía en la noche una luz más intensa y limpia; un gasto que no todas las cofradías se podían permitir. Parece que la familia Arroyo mantenía una de las escasas hachas de este tipo que alumbraban durante la estación penitencial del Miércoles Santo.

El presbítero Nicolás de Arroyo, comisario del Santo Oficio de la Inquisición y nieto de Juan Bernabé[8], falleció en 1752. En la repentina enfermedad que le precedió, otorgó un poder notarial a su hermana Isabel para que testara en su nombre, quien lo hizo unos días después de su óbito, disponiendo lo que le había transmitido de palabra en su lecho de muerte.

Habida cuenta del alto coste de la cera pura en aquellos tiempos, entre las cláusulas testamentarias la apoderada dejó constancia de que “previno y mandó el dicho Sr. D. Nicolás mi hermano que el hacha que tiene en la cofradía del Señor de la Humildad que se sirve en el convento de Sr. San Juan de Dios desta ciudad se conserve y saque todos los años en las procesiones, pagando la cera que se quemase como se ha hecho hasta aquí, y así lo declaró para que corra dicha devoción”[9].

Doña Isabel, doncella y vecina de la calle Enfermería, otorgó su testamento semanas después de su hermano y ratificó a sus herederos la disposición anterior: “Ítem es mi voluntad que el hacha que está en la cofradía del Señor de la Humildad… se mantenga por mis herederos y se saque y costee en las procesiones según y cómo se previno por D. Nicolás de Arroyo mi hermano”[10].

Aunque el mayor legado familiar ofrecido al Cristo de la Humildad será el dispensado por la tercera de los hermanos, doña Úrsula de Arroyo y Aguayo, también doncella y vecina de la calle Corredera, quien ordenó sus últimas voluntades en febrero de 1768.

Doña Úrsula era poseedora de un extenso patrimonio compuesto de bienes urbanos, rústicos, joyas y muebles. En su testamento decide instituir un Vínculo que sujete la mayoría de los bienes y rentas libres de cargas que posee, cuyo usufructo recaerá sobre su hermana Isabel y después de sus días pasará a sus sobrinos.

A los herederos y futuros poseedores de los bienes vinculados impone que una vez “regulada la renta que tenga se vean las misas que a razón de seis reales cada una que tengan cabimiento, y estas las diga [el pariente clérigo más pobre] en el dicho Altar del Ssmo. Christo de la Humildad, que se sirve en dicha iglesia de Sr. San Juan de Dios, en los días de fiesta a la hora de las onze, a lo que le ha de obligar el Prior de dicho convento, y el Patrono de la capilla”[11].

Un instante de la estación de penitencia de la cofradía de la
Humidad y Caridad la noche del Martes Santo.
(Foto: Chema G. Mármol)

No obstante, antes de instaurar el vínculo, la testadora impone sobre varios de sus bienes rústicos “una misa cantada con diáconos, que se ha de decir y celebrar el Lunes Santo de cada un año perpetuamente en el Altar del Ssmo. Christo de la Humildad, que se venera en la iglesia del convento… por cuya limosna se han de pagar catorce reales en cada un año a el dicho convento”[12].

Además de todo lo expuesto, entre las mandas testamentarias doña Úrsula remitió “a D. Francisco de Borja Ruiz Lorenzo mi sobrino Abogado de los Reales Consejos y vecino de esta ciudad doscientos reales de vellón para que los convierta en el adorno de la capilla y retablo de la Imagen del Ssmo. Christo de la Humildad que se sirve en la dicha iglesia del convento hospital de Sr. San Juan de Dios de esta ciudad, y quiero y es mi voluntad que si dicha capilla estuviere concluida a el tiempo de mi fallecimiento se dé sepultura en ella a mi cadáver porque así es mi voluntad”[13].

La piadosa nieta del médico Juan Bernabé de Arroyo murió en abril de 1769[14] y, al igual que sus hermanos y otros familiares, no pudo recibir sepultura en la nueva capilla de la Concepción y altar del Cristo de la Humildad ya que las obras del nuevo templo se prolongaron hasta febrero de 1771; pero a buen seguro la aplicación anual de las misas votivas y el generoso donativo para la ornamentación de su nuevo altar y retablo contribuyeron a aumentar la devoción de los montillanos al Señor de la Humildad y Paciencia.

*Artículo publicado en la revista Nuestro Ambiente. Año XLVIII, núm. 501 (Enero, 2026), págs. 29-32.

FUENTES DOCUMENTALES

[1] Archivo Parroquial de Santiago de Montilla (APSM). Libro nº 12 de Bautismos, fol. 300v.

[2] APSM. Libro nº 12 (pequeño) de Desposorios, f. 95r. Cfr. Libro nº 7, fol. 51r.

[3] LORENZO MUÑOZ, Francisco de Borja: Historia de la M.N.L. Ciudad de Montilla (Ms. 1779), pág. 117.

[4] Archivo de Protocolos Notariales de Montilla (APNM). Oficio 3º. Leg. 445, fols. 213-215.

[5] Ibidem.

[6] APNM. Of. 6º. Leg. 1063, f. 591-592. APSM. Libro donde se apuntan los cavildos, que haze la Cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción, la que se venera en el Convento del Sr. San Juan de Dios de esta ciudad, fols. 55-56.

[7] APSM. Abecedario de difuntos, [s. fol.]

[8] Los hermanos Nicolás, Isabel y Úrsula era hijos de don José Sánchez de Arroyo, regidor y familiar del Santo Oficio, y de doña Mariana de Aguilar y Aguayo.

[9] APNM. Of. 4º. Leg. 707, fols. 111, 141-143.

[10] APNM. Op. cit., fols. 185-187.

[11] APNM. Of. 7º. Leg. 1307, fols. 60-64.

[12] Ibidem.

[13] Ibid.

[14] APSM. Abecedario de difuntos, [s. fol.]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.