Hasta fecha reciente, la carrera de las armas fue una actividad siempre ligada al varón; sin embargo, se conocen casos esporádicos de la participación de alguna mujer enrolada en los ejércitos regulares de las naciones europeas y, cuando menos, portadora de algún tipo de mando o empleo superior. Justamente, uno de los casos más insólitos documentado es el que protagonizó Ana María de Soto, quien, con sólo 17 años, decidió ocultar su sexo femenino para cumplir un sueño: alistarse en la Infantería de Marina.
Hija del matrimonio formado por el montillano Tomás de Soto y la aguilarense Gertrudis de Alhama, nace en Aguilar de la Frontera el 16 de agosto de 1775, siendo bautizada en la parroquia del Soterraño ese mismo día con el nombre de Ana María Antonia. En plena juventud decide abandonar el hogar familiar, se traslada hasta Cádiz ocultando su identidad y se hace pasar por hombre como Antonio María de Soto.
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Recreación idealizada de la infante de marina Ana María de Soto, por Ricardo Llamas León. |
Tras
un periodo de formación, en enero del año siguiente, embarca con su compañía en
la fragata Nuestra Señora de las Mercedes,
que le lleva a participar en los últimos episodios de la Guerra de la
Convención, conflicto que España sostuvo contra la Francia revolucionaria, donde
nuestra protagonista luchará en uno de sus escenarios como fue el Golfo de
León, tanto por mar, contra varios cañoneros y baterías francesas junto a la
costa de Bañuls del Mar (Rosellón), como en tierra, durante el sitio y
evacuación de la fortaleza de la Trinidad, en la bahía de Rosas (Gerona).
Además
de formar parte de la dotación de La
Mercedes, su nave base, también
estará embarcada en la urca Santa Balbina
(septiembre de 1795) y en la fragata Santa
Dorotea (diciembre de 1796 – enero de 1797).
En
febrero de 1797 es destinada a la fragata Santa
Matilde, a bordo de la cual combate en la batalla naval del Cabo de San
Vicente (Portugal), el 14 de febrero de ese año. Un episodio bélico de infausto
recuerdo para la Armada española, quien desde agosto de 1796 estaba alineada
con Francia a causa del Tratado de San Ildefonso, una alianza militar que
comprometió a España a enfrentarse a Gran Bretaña, enemiga de los galos.
A
pesar del resultado, gracias a su destacada actuación durante el combate naval,
Ana María será ascendida al empleo de Cabo y destinada a una de las baterías
del arsenal de La Carraca. Allí, está desempeñando las funciones de guarnición
y vigilancia del gran recinto militar y astillero, fue cuando se produce el
asedio inglés a la ciudad de Cádiz por parte de la Royal Navy, al mando del
contraalmirante Horacio Nelson, entre los días 3 y 5 de julio de 1797.
La
defensa de la bahía gaditana estará comandada por el almirante español José de
Mazarredo, quien abortará los planes de los ingleses combatiendo a los buques
enemigos desde las lanchas cañoneras y demás fuerzas sutiles, a corta distancia,
provocándoles daños severos, obligándoles a batirse en retirada y levantar el
bloqueo naval. Precisamente, a bordo de una de las cincuenta lanchas cañoneras
que intervinieron en las operaciones marítimas luchará valerosamente Ana María
de Soto.
Tras
el asedio, volverá a permanecer de dotación en la fragata Matilde hasta el 7 julio de 1798, día en que fue descubierta su
original naturaleza, siendo desembarcada de inmediato. El detonante partió de
la denuncia de un capellán de la Escuadra a quien ella confesó su verdadero
sexo.
En
agosto de ese año, Ana María obtuvo la licencia absoluta de retiro de la
Armada. Los jefes superiores comunicaron la insólita noticia al monarca Carlos
IV, quien, sorprendido “de la heroicidad de esta mujer, la acrisolada conducta
y singulares costumbres con que se ha comportado durante el tiempo de sus
apreciables servicios, ha venido en concederle dos reales de vellón diarios,
por vía de pensión y al mismo tiempo, que en los trajes propios de su sexo
pueda usar los colores del uniforme de Marina, como distintivo militar.”
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Robert Cleveley. "Combate naval de cabo de San Vicente", óleo/lienzo, 1798. Royal Museums Greenwich. |
Además,
en diciembre de 1798 el propio rey la vuelve a agraciar con el ascenso al grado
y sueldo de Sargento primero de los Batallones de Marina “por haber servido en
ellos de soldado voluntario cinco años y cuatro meses con particular mérito”.
Una
vez retirada de la vida militar, fija su residencia en Montilla, donde se había
establecido su familia, dado que su ascendencia paterna era montillana. La
Administración General de Rentas le concede en nuestra ciudad la explotación de
un Estanco de tabacos en 1799, ubicado en la Plazuela del Peso (en la
actualidad, plaza de la Inmaculada). A partir de entonces, aparece domiciliada
en la calle Corredera y será conocida por el sobrenombre de "la
soldado-estanquera", oficio que regentará hasta su muerte, acaecida el 4 de
diciembre de 1833, a los 58 años de edad. El funeral fue oficiado en la
parroquia de Santiago y su cuerpo recibió sepultura en el cementerio de la Vera
Cruz.
Hasta
el momento, Ana María de Soto y Alhama ostenta el honor de ser la primera mujer
suboficial de las Fuerzas Armadas de España, cuyos galones de Sargento Primero
recibió por Real Orden de Carlos IV, en 1798.
BIBLIOGRAFÍA
BUSTO BAENA, Francisco.
Mujer valiente, por tierra y por mar (1775-1833). San Fernando, 2020.
GARRAMIOLA PRIETO, Enrique.
“La Sargento Sotomayor, heroína de Aguilar”. En: Mujeres cordobesas, su contribución al Patrimonio. Tomo II.
Diputación de Córdoba, 2005, págs. 213-223.
PONFERRADA GÓMEZ, José. Vilanos sobre Montilla. Montilla, 1980.
SOLÁ BARTINA, Luis. “Una
mujer entre las tropas de Marina del siglo XVIII: Ana María de Soto y Alhama”.
En: Revista general de Marina
(Madrid), vol. 264. Mayo, 2018, págs. 655-664.
VALLINA VALLINA, Alicia.
“Ana María de Soto y Alhama”. En: La
Aventura de la Historia, núm. 271 (2021), pág. 8.
*Artículo publicado en: Revista de Información Municipal, núm. 201, págs. 26-27. Montilla, julio, 2024.