En
1674 un grupo de montillanos costeaba la imagen y urna de Cristo Yacente y la entregaba
en donación a la cofradía del Santo Entierro y Ntra. Sra. de la Soledad, por lo
que la presente Semana Santa se cumple 350 años de la hechura y primera salida
procesional del paso del Santo
Sepulcro que hoy conocemos.
La
noticia ha sido conocida gracias a la escritura notarial otorgada entre los
devotos donantes del grupo escultórico y el hermano mayor de la cofradía, que
se reunieron en la capilla de la Soledad del templo agustiniano para asentar
ante escribano público la entrega oficial a la cofradía el día 19 de marzo de
ese año.
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En la intimidad que ofrecen actos como el besapié y besamanos se pueden contemplar al detalle las imágenes de Cristo Yacente y Ntra. Sra. de la Soledad. |
Pero
antes de entrar a desgranar las enjundiosas noticias que ofrece el documento
vamos a repasar los acontecimientos que precedieron a esta donación, pues
durante la segunda mitad del siglo XVII las cofradías y hermandades montillanas
se vieron inmersas en un proceso de actualización en materia jurídica, promovida
por el obispo Francisco de Alarcón en el Sínodo diocesano de 1662[1],
que provocó la regulación y reordenación de muchas de ellas y, en consecuencia,
una etapa de esplendor en pleno Barroco.
La
antigua cofradía de la Soledad y Angustias de Nuestra Señora se había fundado
en el convento de San Agustín en 1588. Fue la segunda corporación pasionista en
crearse en Montilla, después de la Vera Cruz, y pronto arraigó en la piedad
popular del vecindario de barrio del Sotollón y la Silera. Al año siguiente de
su fundación obtuvo autorización de los agustinos para construir una capilla
propia, y en aquellos primeros años fue adquiriendo las imágenes, insignias y
enseres necesarios para realizar sus cultos y la estación penitencial del
Viernes Santo por la tarde.
A
mitad del siglo XVII la cofradía había experimentado un amplio crecimiento en
número de hermanos y bienes. En este contexto expansivo surge la necesidad de dividir
en dos la estación de penitencia, a fin de reajustar el dilatado ceremonial que
la cofradía debía cumplir cada año la tarde-noche del Viernes Santo, donde se
practicaba la disciplina, el Sermón del Paso, el Descendimiento de la Cruz y,
por último, la Estación de Penitencia, que por aquellos años ya integraba en su
cortejo los pasos de la Cruz de las
Toallas (o guiona), Cristo amarrado a la Columna, la Virgen de las Angustias,
Cristo Yacente en el Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad.
Tras
la Semana Santa de 1660 se aprobó la referida propuesta, y fue reconfigurado el
desarrollo de los actos a cumplir por la cofradía en la siguiente jornada del
Viernes Santo. Se instituyeron dos estaciones de penitencia, la primera con las
imágenes de Cristo Amarrado a la Columna y la Virgen de las Angustias por la
tarde, donde se continuaría practicando la disciplina en la llamada «procesión
de sangre»[2]. A
su regreso se procedía a escenificar el acto del Descendimiento de la Cruz, acompañado
de su Sermón, con una imagen de Cristo articulada que era depositada en una
urna. Entonces, a la puesta de sol, comenzaba la segunda estación de
penitencia, con las imágenes de Cristo Yacente y la primitiva Virgen de la
Soledad.
Para
una mejor organización, en abril de 1666 los cofrades deciden establecer una
curiosa bicefalia, con el nombramiento de un hermano mayor para cada estación
de penitencia. También, fue creada una hermandad en el seno de cada uno de los titulares
de la cofradía, regida por un cabo a cuyo cargo estaban los portadores del
paso, palio, estandarte, insignias, cera y tramo de hermanos de luz que acompañaban
a la imagen.
Pronto
debieron surgir diferencias internas entre las hermandades, posiblemente por el
celo de cada una de ellas a la hora de organizar los cultos y procesión de su
titular. Así las cosas, en 1667 el escribano Pedro Franco de Toro, hermano
mayor de la procesión del Santo Entierro y responsable de la hermandad de la
Soledad, decide costear una nueva imagen de la Virgen dolorosa y promover tal
hermandad a la condición legal de cofradía, propósito que materializa con la
aprobación del Ordinario diocesano y del Marqués de Priego[3].
Ese
año queda oficialmente constituida la cofradía del Santo Entierro y Nuestra
Señora de la Soledad, siendo su fundador y primer hermano mayor el referido
escribano. A partir de entonces se desvinculará por completo de la antigua
corporación pasionista de las Angustias, que continuará rigiéndose por las
Reglas primitivas y mantendrá los usos y prerrogativas fundacionales.
Como
la imagen de la Virgen de la Soledad había sido donada por Franco de Toro,
fundador de la nueva cofradía, no había duda de su propiedad. Pero,
probablemente, este no sería el caso de la antigua imagen de Cristo articulada,
dedicada a realizar el acto del Descendimiento y posterior procesión del Santo
Entierro. Asimismo, tampoco hemos de olvidar que la separación de ambas
cofradías no fue pacífica y hubo de mediar la autoridad diocesana entre los
litigantes.
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Encabezado de la escritura notarial de Donación, registrada en papel timbrado con el escudo de Carlos II, último rey hispano de la dinastía de los Austrias . |
Inmersos
en esta vorágine de fervor espiritual y reforma estética, un grupo de 122 hermanos
decide adquirir y financiar una nueva hechura de Cristo Yacente y su urna para
donarla a la joven cofradía de la Soledad, lo que llevan a efecto en la capilla
de la cofradía el 19 de marzo de 1674. Del largo centenar de donantes sólo
están presentes 53 de ellos, representados en la persona de Cristóbal Ramírez
de Aguilar. En nombre de la cofradía asiste su hermano mayor, que ese año es
don Pedro José Guerrero.
La
escritura notarial se divide en varias partes formales, que a continuación
desglosamos. Comienza con la invocación religiosa propia de este tipo de
documentos: “Bendito y alabado sea
el Ssmo.
Sacramento del altar y la ynmaculada Concepción de nuestra Señora la virgen
María su bendita madre conzevida sin mancha ni mácula de pecado original desde
el primer instante de su ser natural”[4].
Le
sigue el inconfundible preámbulo de los oficios notariales de la época: “Sea
notorio y manifiesto a los que esta presente escriptura de Donación
ynrrebocable vieren como nos…” continuado de la intitulación de los 53 cofrades
comparecientes, “naturales y vecinos que somos en esta noble Ciudad de Montilla,
indignos hermanos que somos de la cofradía y ermandad del entierro de nuestro
Sr. Jesuchristo que sele su procesión deste religiosísimo convento de Señor San
Agustín… donde de presente estamos juntos y congregados en la capilla de
nuestra Señora de la Soledad del entierro de nuestro Sr. Jesuchristo a el
otorgamiento desta escriptura”.
Luego,
aparecen los nombres de los cofrades donantes que no han asistido al otorgamiento
del acta, que son los 69 restantes. Después, ya en el cuerpo documental, el
escribano recoge la exposición del asunto que los ha congregado: “dezimos que
por quanto nuestra voluntad y la de los demás hermanos a sido y es de muchos
años á ser hermanos como lo somos de dicha cofradía y ermandad del entierro de
nuestro Señor Jesuchristo”.
A
continuación, se hace una detallada descripción de la hechura del Cristo Yacente,
de la urna fúnebre y demás piezas ornamentales del túmulo, definiendo el
material y acabados de cada una de ellas: “y con esta devoción y voluntad nos y
los dichos hermanos trujimos a nuestra costa una hechura del sepulcro del
entierro de nuestro Señor Jesuchristo, con una hechura de su divina Majestad
dentro de [él] a estatura del natural, encarnada y acabada en perfección, y es
dicho sepulcro de madera que llaman palo santo de la india de Portugal, con sus
molduras de ondeado negras de peral y con su remates y cantoneras de bronce
sobredorado, quatro cabezas de Águilas en los rremates de los varales de lo
mismo, veynte y ocho vedrieras, diez ángeles de madera a la imitación del
bronce que tienen en las manos las insignias de la santíssima pasión, y otros
diez ángeles con sus alas de madera por la parte de adentro del sepulcro
encarnados de mate”.
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El paso del Santo Sepulcro a la salida de la iglesia de San Agustín la tarde del Viernes Santo, una estampa que se viene sucediendo en nuestra ciudad desde 1674. |
Una
vez descrito el nuevo conjunto escultórico, los donantes indican el lugar que
debe ocupar en la iglesia conventual y la razón que les llevó a emprender tal
iniciativa: “…para que estuviese y esté dicha hechura y sepulcro, y se ponga en
la capilla que por el hermano mayor y ermanos de la cofradía y ermandad de
nuestra Señora de la Soledad que juntamente se nombra del entierro de nuestro
Sr. Jesuchristo, porque con este intento y para que saliesse su divina Majestad
el viernes santo por la noche y los demás días y ocasiones que se ofreziese con
toda decencia como tan alto paso y soberano misterio y por la veneración que
tenemos a tan grande Dios y Señor”.
En
el último párrafo de la exposición de motivos, ratifican la donación y dan toda
fuerza de ley a la misma: “…y para que esto tenga efecto otorgamos por el tenor
de la presente por aquella vía y forma que mejor podemos y de derecho a lugar y
en nombre de los dichos hermanos y por la devoción que tenemos y tienen a la
dicha cofradía y ermandad y por otras causas efectos respectos dignos y
merezedoras de gratificazión que hacemos por nos y los demás gracias y donación
a dicha santa cofradía y ermandad del entierro de nuestro Señor Jesuchristo
sita en el dicho convento de Señor San Agustín desta ciudad, de la hechura y
sepulcro del entierro de nuestro Sr. Jesuchristo como lo trajimos y está y de
la forma que se a aclarado, buena, pura, mera, perpetua, perfecta, acabada e
yrrebocable de las quel derecho llama fecha yntervivos la qual emos por
ynsinuado y lexítimamente manifestada con la solenidad en derecho necesaria…”.
Finalizada
la exposición, la escritura pública continúa en su parte dispositiva donde los otorgantes
establecen una serie de condiciones a la cofradía, que se obliga a admitir y
cumplir, como parte receptora y beneficiaria. Por el contrario la donación
quedaría invalidada.
Los
hermanos donantes disponen una serie de cláusulas para garantizar el destino,
ubicación y uso del conjunto escultórico, así como las prerrogativas que ellos
y su descendencia conservarían sobre la imagen y paso del Santo Entierro de Cristo en adelante:
“Primeramente
es condición que cada y quando y en qualquier tiempo así el viernes Santo por
la noche como todas las demás veces y ocasiones que la dicha hechura del santo
sepulcro y su imagen se sacare en procesión, en qualquier día que sea para
qualquiera efeto por nezecidad, nos lo dichos hermanos y fundadores y nuestros
hijos y dezendientes y sucesores en qualquier grado que sea, siendo hermanos
desta cofradía y ermandad, lo an de llevar y sacar a el dicho Santo Sepulcro y
su imagen como nos… sin que otra ninguna persona ni personas la puedan sacar de
qualquier estado y calidad que sean, ni por qualquiera causa ni razón que para
ello aya, y lo contrario haciendo desde luego revocamos la dicha donación por
sí y los demás”.
Asimismo,
estipulan “que para qualquier ocasión que se ofrezca no se a de poder mudar ni
quitar el dicho santo Sepulcro y su imagen a otro altar del dicho convento, por
ningún día ni días, si no fuere con nuestro consentimiento o de los que fueren
ermanos de la dicha cofradía y ermandad”.
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Folio 48 del Libro de la Cofradía, donde se hace relación de los cofrades del Santo Entierro, que está iniciada por los donantes de la imagen de Cristo Yacente y su urna en 1674. |
En
la siguiente cláusula los hermanos donantes dejan entrever el litigio que en
ese momento la cofradía de la Soledad mantiene con la de las Angustias. En
previsión de una posible salida del convento y cambio de sede canónica disponen
“que si por algún azidente del tiempo por qualquiera razón que sea la dicha
cofradía del entierro de nuestro Señor Jesuchistro, que juntamente se nombra de
la Soledad, saliere y se apartare del dicho convento de Sr. San Agustín para
que esté situada en otra qualquiera iglesia o ermitas desta dicha ciudad a de
servirla, que la dicha hechura de sepulcro e imagen consiguientemente se a de
sacar de dicho convento y capilla donde se pone de presente y llevar a la tal
iglesia o ermita donde la dicha cofradía estuviere sita”.
Igualmente,
plantean una hipotética disolución de la cofradía. En su caso, se reservan el
derecho de propiedad sobre el conjunto escultórico y la libertad de trasladarlo
o donarlo donde consideren: “es condición que si, lo que Dios no quiera ni
permita, la dicha cofradía se estinguiere en dicho convento y ciudad a de
quedar a disposición de nos los dichos hermanos de la hermandad del santo
sepulcro o a la de los que después de nosotros fueren en qualquier tiempo que
lo tal suceda, el mudar la dicha hechura de sepulcro e imagen a la parte y
lugar que eligiéremos o eligieren nuestros sucesores, para darlo de limosna,
donarlo o hacer dello lo que más bien nos estuviere, sin que para ello se nos
ponga impedimento alguno, porque sucedido el tal caso del estinguirse la dicha
cofradía emos de poder usar libremente los que ahora somos hermanos de la dicha
hermandad o los que adelante fueren a nuestra voluntad de la dicha hechura del
santo sepulcro e imagen”.
Terminadas
las cláusulas, los hermanos otorgantes se reafirman en la entrega y “hacemos la
dicha gracia y donación por nos y los demás de la dicha hechura del santo
sepulcro y su imagen a la dicha cofradía y hermandad del entierro de nuestro
Sr. Jesuchristo… y lo damos, cedemos rrenunciamos y traspasamos en la dicha
cofradía y ermandad para que con las dichas condiciones y gravámenes sea hecho
para el efecto que dicho es, y en señal de posesión lo tenemos entregado y está
puesto en el dicho convento en su capilla nueva como dicho es”.
A
partir de ahora, en la escritura notarial toma la palabra el hermano mayor de
la cofradía, don Pedro José Guerrero, “estando
presente a el otorgamiento desta escritura y a todo lo que dicho es”, quien “azeta
y rezive en su favor esta escritura y de la dicha cofradía y ermandad y ermanos
della como en ella se contiene, y rezevimos la dicha hechura del dicho sepulcro
y su imagen para que esté y asista en la dicha iglesia según que por los dichos
Xpval Ramírez y demás hermanos está dicho y especificado”.
Para
finalizar el acto de donación y traspaso del legado, el citado Cristóbal
Ramírez de Aguilar “por si y los demás hermanos le entregó la nota y registro
desta escritura a el dicho D. Pedro Joseph Guerrero hermano mayor de dicha
cofradía y el susodicho la rezivió en mi presencia y de los testigos aquí
contenidos de cuyo entrego y rezivo yo el presente escribano doy fe”.
Una
vez incluida esta precisión, en el último párrafo el escribano Antonio de
Aguilar Jurado valida el documento con la declaración a las partes de los
derechos y obligaciones contraídas, así como de las leyes y fueros aplicables
en caso de su incumplimiento.
Posteriormente,
data la escritura “en la dicha ciudad de Montilla, en diez y nueve días del mes
de marzo de mil y seiscientos y setenta y quatro años” y cita a los tres
testigos presentes. Concluye el documento con la firma de nueve de los hermanos
otorgantes y la rúbrica y signo del citado escribano público.
Como
se puede comprobar en el acta notarial, desde un punto vista jurídico la
donación quedó registrada con todo tipo de detalle. Los mecenas expusieron sus
intenciones sobre el bien donado y entregado, incluyeron las disposiciones y
prerrogativas que consideraron pertinentes para el presente y futuro del bien y
se reservaron el derecho de revocación en caso de extinción de la cofradía, todo
lo cual el máximo responsable de la corporación en calidad de beneficiario aceptó
sin reparos ante escribano público.
Del
mismo modo, resulta de gran interés la pormenorizada descripción de la imagen
de Cristo Yacente: “a estatura del natural, encarnada y acabada en perfección”.
Al igual que la urna que le acompaña, de nobles materiales adquiridos y utilizados
ex profeso para el sepulcro: “palo
santo de la india de Portugal”, un tipo de madera muy cotizada, importada del
actual Brasil.
De
los elementos que decoran la urna llama la atención la veintena de ángeles que
en origen tuvo, diez en el exterior acabados “a la imitación del bronce, que
tienen en las manos las insignias de la santíssima pasión”, así como “otros
diez ángeles con sus alas de madera por la parte de adentro del sepulcro
encarnados de mate”.
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Altar de cultos cuaresmales que la Cofradía celebra en la parroquia de San Francisco Solano, desde que Ntra. Sra. de la Soledad fue trasladada a este templo. |
Un
componente determinante para identificar la urna de la escritura y poder comparar
con la que hoy se conserva son los cristales que contiene, “veynte y ocho
vedrieras”, el mismo número que incluye la actual.
Aún
así, con el paso de los siglos y la llegada de nuevos movimientos artísticos la
urna ha modificado su aspecto original. En la actualidad no conserva algunos de
los elementos originales citados en la escritura, como son los “remates y
cantoneras de bronce sobredorado”, y tampoco las “quatro cabezas de Águilas en
los rremates de los varales, de lo mismo”.
No
obstante, ha ganado otros como son las cartelas y aplicaciones en plata
labrada, que fueron añadidas en 1734 por el orfebre local Manuel Fernández
Urbano, quien compuso “catorze tarjetas, y cantoneras de plata grandes para la
urna de el Santo Sepulcro, y otras veinte y tres pequeñas que le faltaban”[5].
Quedan muchas aristas abiertas a la investigación, como puede ser la autoría y lugar de adquisición de las piezas donadas, asunto que no se menciona en la escritura. Igualmente, resultaría de interés comprobar los materiales y antigüedad de la urna actual, así como las analogías estéticas que la imagen guarda con otras obras coetáneas procedentes de los círculos artísticos que predominan en nuestra región en pleno Barroco. Como punto de partida, en este trabajo presentamos la datación de esta imagen y urna que constituyen uno de los pasos esenciales de la Semana Santa de nuestra ciudad, una iconografía que forma parte de la identidad cofrade y piedad popular montillana desde hace 350 años.
NOTAS
[1] Constitvciones Synodales del obispado de
Cordoba, hechas, y ordenadas por su señoría ilustrísima el señor Obispo Don
Francisco de Alarcon… en la Sinodo qve celebro en su palacio episcopal en el
mes de junio de 1662. Madrid, 1667.
[2] Archivo
Parroquial de Santiago de Montilla. Libro
de Arancel y Decretos, fols. 62, 69.
[3] Libro de la Cofradía de Nª. Sra. de la
Soledad que está en el Convento de S. Agustín desta Ciudad de Montilla, fol.
1r.
[4] Archivo
de Protocolos Notariales de Montilla. Oficio 4º. Leg. 671, fols. 155r-161r.
[5] Libro de la Cofradía de Nª. Sra. de la
Soledad… f. 422. Vid. et.
GARRAMIOLA PRIETO, E. Semana Santa en
Montilla. Pontificia Cofradía y Hermandad del Santo Entierro y Nuestra Señora
de la Soledad. Anales y Recuerdos. Montilla, 1993., pág. 110.
*Trabajo publicado en la revista Nuestro Ambiente, Año XLVI, núm. 490, págs. 39-42. Montilla, marzo, 2024.