Portada del panegírico publicado a expensas de los hermanos Pedro y
Alonso de Toro y Flores, mayordomo y hermano mayor de la cofradía
de Jesús Nazareno, que la ofrecen al VII marqués de Priego.
Ambos decidieron
imprimir a su costa esta efeméride local, dedicándosela al Excmo. Sr. Luis
Mauricio Fernández de Córdoba y Figueroa, que ostentaba los títulos nobiliarios
de Marqués de Priego, Duque de Feria, Marqués de Montalbán y de Villalba, caballero
de la insigne Orden del Toisón de Oro, Señor de
La obra que
recoge los cultos celebrados en torno a la inauguración de la capilla de Jesús
Nazareno, fue impresa en Córdoba por Francisco Antonio de Cea y Paniagua. Consta
de 40 páginas y en su portada recoge el título, el autor, los patrocinadores, la
dedicatoria, el escudo de
La dedicatoria a
Luis Mauricio está escrita por los patrocinadores del libro, quienes detallan
el traslado de la imagen de Jesús Nazareno a la nueva capilla en este acto cultual:
“En la plausible Octava, que en
La censura está revisada
por el catedrático jesuita Juan de Aragón, quien elogia al autor y el texto:
“En esta Oración Panegírica junta la doctrina con la elegancia dulcísima de sus
conceptos llenos de mucha erudición Sagrada, mezclando lo dulce con la utilidad
del espíritu hasta la admiración, ésta es la hermosura, que el espíritu Divino
publica de los hombres dignos de la mayor alabanza”. Termina el censor dando
licencia para publicar la citada obra: “No contiene cosa, que desdiga de la
pureza de N. Santa Fe Católica, de la doctrina de los Santos, ni de las buenas
costumbres. Puede dar la licencia de imprimirla. Así lo juzgo en este Colegio
de
Después de estos apartados preliminares, el agustino Bernardo Vela prologa la obra dirigiéndose al lector y explicando los inconvenientes que existen entre leer y escuchar este sermón: “Que la voz que al oírse pronunciada, suele sonar y parecer, como acento sonoro de clarín, y eco valiente de trompeta, escrita suele ser feo borrón, sin vida y sin aliento. […] En esto se funda el sentimiento, con que di este Sermón para que se diese a la estampa, que en esto se funda el consuelo que tengo de (que) se publique, pues siendo palabra de Dios, será escrita lo mismo que dicha y pronunciada”.
La salutación,
es la primera parte del Panegírico y comienza con nueva numeración de folios.
Presidida por una elegante letra capital, aborda el sermón elogiando la
construcción de la Capilla: “Después que vi, que miré, más hice, que aún admiré
como pasmo, como portento y asombro esta primorosa, cuanto bella Capilla, digna
habitación de Jesús, espero raro del arte, y efecto religioso de esta
nobilísima y muy devota Confraternidad del Divino Nazareno representado en
aquella venerable imagen, devoto simulacro, a quien rinde especial culto”.
Tras estas palabras de admiración hacia la magna capilla, comienza a enumerar los templos metafóricos a los que alude el Antiguo Testamento, citando escritos del profeta Isaías y de Santo Tomás de Villanueva, que los asemeja con la capilla nazarena: “Palabras, que todas dicen la manifestación de Dios en su Iglesia situada en un monte, que no será impropio, el entenderlo de esta Ciudad de Montilla, que lo es, donde vemos un Altar o Templo reedificado, en cuya comparación son nada los antiguos”.
También alude a
San Juan Crisóstomo (347 – 407) obispo de Constantinopla y doctor de
Asimismo, se
suceden las alabanzas a la Cofradía o Confraternidad (cofradía que unía a
varias hermandades erigidas en torno a la efigie nazarena, pero con fines
distintos) y a los Marqueses que encargaron los cultos en honor de la apertura
de la capilla a dos franciscanos: “Empiezan y acaban esta Octava dos menores
(mayores en mi estimación) hijos del Serafín de
Concluye la salutación
haciendo una última referencia a la capilla: “Ya no me queda que reparar sino
la cortedad de mi pobre ingenio, y seco espíritu, pero buen remedio que en los
dos Altares colaterales del primoroso crucero de esta insigne Capilla, tenemos
a Juan, que es lo mismo que gracioso, y a
La introducción es la segunda parte del Panegírico y consta de 14 folios. En ella, Bernardo Vela diserta extensamente sobre la vida de Cristo, haciendo numerosas citas a las Sagradas Escrituras, al profeta Jeremías, a los escritos de San Pablo, a Santo Tomás de Aquino y a San Agustín lo que, sin duda, evidencia el importante bagaje teológico del orador agustino.
En el texto
encontramos párrafos donde el fraile Vela exalta alabanzas a Jesús Nazareno y a
su reconstruida Capilla: “Llego a discurrir, proponer, y afirmar que es grande
y grandemente perfecta la reedificación de este Templo (no es razón decir
Capilla, que aun es Iglesia mayor) es grande, digo, por el poder, sabiduría, y
amor, que en ella manifestaron, como Zaceo en la suya, siendo hermano de aquel
humano Isaac, los devotos nobles hermanos de el Divino Isaac Jesús Nazareno,
Rey de Reyes, y Señor de Señores, cuyo Imperio está situado en sus Divinos
hombros, en que llevó
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El único grabado que contiene el impreso se halla asimismo en los preliminares, y representa las armas de los marqueses de Priego, señores de Montilla y patronos del convento de San Agustín. |
Alude el agustino Vela, la situación social que estaba desarrollándose en esos lustros de decadencia del imperio español, donde las guerras, hambrunas y epidemias estaban azotando al menguado imperio de los Austrias. “En tiempo de las mayores miserias, de los trabajos mayores, que han padecido estos países Andaluces, en faltas de frutos de la tierra, y otras penalidades, que sabemos todos; el poder activo de los devotos nobles hermanos de Jesús, y demás piadosos vecinos de esta ciudad de Montilla, previno gastos crecidos a esta fábrica suntuosa”.
Como es bien
sabido por el lector, los momentos de mayor inestabilidad social de nuestro
país, han sido cuando más han florecido las artes y las letras. Sirva por tanto
la construcción de esta Capilla como un ejemplo más de ese espíritu perpetuado
con la publicación de este libro: “Hijos adoptivos (así lo entiendo piadoso)
como hermanos de Jesús componen esta ilustre, y muy devota confraternidad, a
quien la miseria y desgracia de los tiempos pasados, y aún presentes, tan
fatales y destruidos, no detuvo la prevención activa de gastos, que su poder
liberal dispuso a esta fábrica hermosa, digno Alcázar de Jesús reedificado,
ofrecido y consagrado a su altísima, suprema y Divina Majestad”.
A modo de
conclusión, tan sólo reflejar la fe que los montillanos han mantenido siglo
tras siglo a
*Artículo publicado en: Nuestro Ambiente, Año XXVIII, nº 305 (enero, 2005), págs. 38-39.
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Nota: El ejemplar consultado para este trabajo se conserva en la biblioteca de la Abadía del Sacromonte (Granada), con signatura: GR-AS, nº 14 (10) - E42-T3. Las imágenes de las páginas que ilustran este artículo fueron realizadas por Jaime Luque.