lunes, 4 de abril de 2016

EL SANTO CRISTO DE LA YEDRA Y LA CONGREGACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO*

El Cristo de la Yedra comenzó a procesionar en la mañana
del Viernes Santo en 1926. Como podemos apreciar, en
aquellas primeras ocasiones fue ataviado con peluca y faldellín.
El próximo Viernes Santo se cumple el noventa aniversario de la primera salida procesional del Crucificado de la Yedra, dentro de la estación penitencial que organiza la cofradía de Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de los Dolores.
Como recuerda la prensa de la época, fue en 1926 cuando la Junta Directiva de los nazarenos, presidida por José Ortiz Sánchez, decide ampliar su cortejo añadiendo el paso de Jesús en el Calvario, que esa mañana será acompañado por la música del Regimiento de Artillería de Córdoba[1].

Valiéndonos de esta efeméride, queremos dedicar varios artículos a este singular icono de nuestra Semana Santa, en los que aportar nueva documentación que nos acercará a conocer su verdadero pasado, cuya historia ha sido envuelta por el humo de confusas leyendas y atribuciones, surgidas –a nuestro entender– a raíz de las ambiguas noticias dadas por el jesuita Bernabé Copado en su libro La Compañía de Jesús en Montilla (Málaga, 1944).

La advocación «de la Yedra» parece tener su inicio en una ermita extramuros de Baeza, donde se veneraba un Crucificado cuyo origen se pierde en la nebulosa bajomedieval, asociado a la visita de San Vicente Ferrer a tierras jienenses. Después, esta advocación fue propagada por los Jesuitas en los siglos XVI y XVII, llegando hasta nuestros días no sólo en Montilla, sino que también está presente en otros muchos puntos de nuestra geografía como es el caso de Écija, Jerez de la Frontera, Vélez-Blanco, Valor y, principalmente, en Granada, donde ostenta el patronato de la comarca de La Alpujarra.

Nuestro Cristo de la Yedra es una imagen de sobresaliente factura, cuyos rasgos estilísticos recuerdan al quehacer del círculo creado por el escultor flamenco Roque Balduque, que establecido en Sevilla en el segundo tercio del siglo XVI llegó a crear una escuela artística identificada por su estética de transición entre el gótico final y el primer renacimiento.

Como es conocido, el Crucificado se venera en la actualidad en la iglesia de San Agustín, templo al que fue trasladado en 1810[2]. Ese año se produjo la primera exclaustración de los frailes agustinos por decreto del gobierno intruso de José I Bonaparte, apodado Pepe Botella. Ante el vacío pastoral que provocó aquella medida, la autoridad local afrancesada remitió un proyecto al Obispado con el objetivo de  reordenar la feligresía de la ciudad[3]. En el mismo, se contempló la posibilidad de convertir la iglesia agustina en Parroquia, por ello fue dotada de todo lo necesario para comenzar a funcionar en su nuevo cometido, el cual nunca llegará a consumarse dado que, una vez expulsadas las tropas francesas, en 1813 volvieron los recoletos agustinos a su morada conventual montillana.

En los años que duró la invasión, se trasladaron a la iglesia dedicada al docto obispo de Hipona las imágenes, ornamentos y enseres necesarios para el culto parroquial, entre los que arribó el Cristo de la Yedra procedente de la Parroquia de Santiago donde se encontraba desde 1774, año en que había pasado al templo mayor de la ciudad, junto con su retablo, trasladado desde la iglesia de La Encarnación[4], que había sido clausurada en 1767 a causa de la expulsión de la Compañía de Jesús decretada por el monarca Carlos III.

El citado año de 1774 se distribuyeron en varios templos de la diócesis los bienes de los Jesuitas de Montilla. Las imágenes que estaban dotadas de fundaciones piadosas y memorias particulares pasaron a la iglesia de Santiago, donde el clero secular asumió el cumplimiento de aquellos cultos[5]. Tal fue el caso del Cristo de la Yedra, que a partir de la segunda mitad del siglo XVII había recibido diferentes legados de devotos que le habían confiado su salvación eterna.

El Cristo de la Yedra titular de la Congregación del Espíritu Santo

Retrato del jesuita Tirso González de Santalla,
quien erigió en Montilla la Congregación del
Espíritu Santo tras la celebración de unas
misiones populares presididas por el Cristo
de la Yedra en 1672. Quince años después
fue elegido XIII Prepósito General
de la Compañía de Jesús.
En 1672 tienen lugar unas misiones populares predicadas por jesuita Tirso González de Santalla[6], que aprovechó el fervor despertado entre los montillanos para fundar en el Colegio de la calle Corredera la Congregación del Espíritu Santo. La nueva corporación tomó por titular a este Santo Cristo, que desde entonces fue llamado «de la Yedra».

La Congregación del Espíritu Santo se estableció en la mayoría de los colegios fundados por los Jesuitas, teniendo una gran difusión en el siglo XVII. En Montilla, en sus inicios estaba formada por sacerdotes y seglares varones pero en 1749 la iniciativa del rector José del Hierro hizo que se ampliara, abriendo sus puertas a mujeres “con motivo de haberse colocado la imagen de Ntra. Señora de los Dolores con los Corazones de Jesús y María en las manos, en el cuerpo de iglesia”[7].

Ese año se reformaron sus reglas, en las que se obligaban a asistir a la iglesia de La Encarnación todos los domingos por la tarde una hora y, ante el Santísimo descubierto, rezar el Rosario, la Letanía y la Salve, teniendo después de cada rezo quince minutos de oración personal para concluir con una Plática y una oración a Jesús y María.

Asimismo, la congregación se obligaba a encender dos velas en los altares de cada uno de sus titulares todos los viernes y días festivos del año. También, a celebrar una fiesta al Corazón de Jesús el viernes de la infraoctava del Corpus, y asistir a la fiesta que los Jesuitas celebraban en honor del Crucificado en la Pascua del Espíritu Santo. Además, los primeros viernes de cada mes debían oficiar una misa cantada en el altar del Corazón de Jesús.

Igualmente, los sacerdotes de la congregación se obligaban a arrodillarse ante el altar del Santo Cristo y rezar el himno Veni Creator Spiritus antes de comenzar la eucarística, para invocar al Espíritu Santo. El último domingo de cada mes se repartían los oficios entre los congregantes, cuyos cargos eran elegidos anualmente en la festividad de Pentecostés.

El antiguo retablo del Cristo de la Yedra, tallado hacia 1704,
se halla en la actualidad en la Parroquia de Santiago.
Desde el año 1810 alberga al Santo Cristo de Zacatecas.
Dada la gran devoción que el vecindario profesa al Cristo de la Yedra, en 1703 los Jesuitas y la Congregación deciden hacer un nuevo retablo al Crucificado, que en 1706 ya estará acabado y dorado[8]. Aunque no poseemos el contrato de su hechura, sus características trazas acusan la gubia del tallista Cristóbal de Guadix, que por esos años trabajó para la ciudad que le vio nacer[9].
La Congregación se mantuvo viva hasta la expulsión de los Jesuitas en 1767, año en que quedó disuelta. Gracias a los inventarios realizados tras la forzosa marcha de los regulares de la Compañía, sabemos que entre sus bienes raíces contaban con: “Una haza de tres celemines de tierra cala en el sitio del Madroño y cuadrado, ruedo de esta ciudad. Otra haza de tres fanegas y ocho celemines en el sitio de Tintín de este término. Unas casas en la calle Zarzuela Alta de esta dicha ciudad, sobre las cuales y la haza antecedente, resulta estar cargado un censo a favor del convento de San Pedro el Real, orden de Ntro. P. San Francisco de la ciudad de Córdoba, consistente en 3800 reales de capital. Un olivar de cincuenta y dos pies en este término que vendió a la dicha Congregación don Juan Gregorio Ruiz de Sotomayor de esta vecindad. Otro olivar de setenta y cuatro pies grandes, y diez y siete estacas, que vendieron a dicha Congregación Pedro de Toro Aguilar y su mujer, en este dicho término. Un censo de 624 reales y 4 maravedíes que impusieron a favor de dicha Congregación Don Esteban Manuel de Aguilar Pbro. y Agustín del Mármol de mancomún en el año pasado de 1690. Otro censo de 16000 maravedíes de principal, que mandó a la dicha Congregación Doña María de Ayala doncella, por su testamento y resulta que por los herederos de Nicolás Jurado se pagan sus réditos”[10].

La imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, titular de
la rama femenina de la Congregación del Espíritu
 Santo, se venera desde 1772 en la iglesia
conventual de Santa Ana.
También se hizo inventario de los enseres, ornamentos y cera que guardaban en el Colegio para su uso ordinario, los cuales fueron repartidos entre las iglesias, ermitas y hospitales montillanos.

Las monjas del convento de Santa Ana solicitaron al Consejo de Castilla la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, con su retablo, lámpara y adorno. Justificaron su petición en la gran devoción que una de las monjas profesaba a la dolorosa antes de entrar en clausura, la cual le hizo algunas donaciones. Tras varios años de diligencias consiguieron su propósito, aunque no los bienes raíces que esta imagen tenía vinculados[11]. Desde entonces, esta magnífica talla de la Virgen dolorosa –que bien se puede atribuir al círculo de Pedro Duque Cornejo– se venera en la iglesia del convento concepcionista.

Además de todos los cultos aquí relacionados, el Cristo de la Yedra gozó de la dotación de varias fundaciones pías particulares, así como de la aplicación de rogativas públicas en períodos de epidemias y sequías, las cuales le granjearon entre los montillanos fama de milagroso. En el siguiente número trataremos estos desconocidos episodios de la historia del Crucificado.


* Artículo publicado en la revista local Nuestro Ambiente, marzo 2016.


[1] Revista Montilla Agraria. Año VII. Nº 151, p. 8.
[2] Esta decisión se toma porque en 1809 fue clausurada la ermita de la Vera Cruz, cuyas imágenes y demás patrimonio mueble fue reubicado por mandato episcopal a la parroquia de Santiago, ocasionando cierta saturación de imágenes en el templo matriz. El Vicario optó por colocar en el templo parroquial las efigies de mayor devoción y veneración, trasladando otras a diferentes iglesias de la ciudad. Caso este, por el cual el Cristo de la Yedra fue mudado sin su retablo, que pasó a ocupar el Cristo de Zacatecas, imagen que presidía la capilla mayor de la ermita de la Vera Cruz, y era el titular de aquella cofradía.
[3] Archivo General del Obispado de Córdoba (AGOC). Despacho ordinario. Fila 54. Leg. 35. Caja 2ª. s/f.: Plan que demuestra el que debe formarse en esta Ciudad para el nuevo arreglo de sus Parroquias a fin de que no falte el Pasto Espiritual a su vecindario por la supresión de los conventos de regulares: Se erigirá en Parroquia la Iglesia que fue del Orden de San Agustín... 
[4] LORENZO MUÑOZ, F. de B.: Historia de la M.N.L. Ciudad de Montilla, 1779. Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. MS, 54, pp. 45-46.
[5] Archivo Parroquial de Santiago de Montilla: Cuadrante Annual espirituales que se cumplen por la ocupación de temporalidades, y antes estaban al cargo del Colegio que fue de los Regulares de la extinguida orden de la Compañía llamada de Jesús, asignadas a la Iglesia mayor Parroquial de Sr. Santiago, de orden del Real Consejo por el Ilmo. Sr. Dn. Francisco Garrido de la Vega, del Consejo de Su Majestad, obispo de la Ciudad de Córdoba, mi Señor, &.
[6] El jesuita Tirso González de Santalla (1624 – 1705), nace en Arganza (León), cursó estudios primarios en Villafranca del Bierzo, pasando después a las universidades de Oviedo, Valladolid y Salamanca. Alcanzó gran fama de predicador y organizó misiones populares en números puntos de la geografía española. Fue elegido XIII Prepósito General de la Compañía de Jesús en 1687, terminando sus días en Roma.
[7] Archivo Histórico Nacional (AHN). CLERO-JESUITAS. Leg. 808-46, fols. 26v-28v.: Fundación de la Congregazión de el Espíritu Santo, en la capilla del Santísimo Christo de la Yedra, en el mismo Colegio de Montilla.
[8] Archivo Histórico Municipal de Montilla. Actas Capitulares. Libro 20, fol. 61. En 18/04/1706 el padre Diego Arce pide limosna al Concejo para ayudar a pagar a los maestros que han dorado el retablo.
[9] En estos años Cristóbal de Guadix realiza el retablo de Jesús Nazareno y el primitivo de Ntra. Sra. de la Aurora, los cuales se conservan hoy en la iglesia de San Agustín.
[10] AGOC. Órdenes Religiosas Masculinas (Jesuitas). Sig. 7003/03. Fecha: 27/02/1772.
[11] AHN. CLERO-JESUITAS. Leg. 808-30. Expediente: Montilla, Año de 1771. La Abadesa y Religiosas de Sta. Ana, sobre que se les aplique un Retablo, Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, y una lámpara, que existen en el Colegio que fue de los Regulares.

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