lunes, 11 de agosto de 2014

MIGUEL NÚÑEZ DE PRADO Y SUSBIELAS. EL HÉROE OLVIDADO*

Paseando la inquietud propia de querer conocer a aquellos paisanos más notables de nuestro pasado más presente, desde hace varios meses venimos indagando en la vida y profesión de un paisano cuya biografía, lamentablemente, ha vagado en la desmemoria de la ciencia histórica por distintas causas. Sirvan por tanto estas líneas como breve noticia para recordar al militar montillano Miguel Núñez de Prado y Susbielas.

Hablar sobre el apellido Núñez de Prado en Montilla es remontarse al siglo XVIII, donde ya lo encontramos vinculado a la casa de los Fernández de Córdoba, donde varias generaciones se ocuparon de la administración municipal de los feudos del ducado. Como familia adelantada de la floreciente capital del estado de Medinaceli, su solariega casa estaba ubicada intramuros del extenso contorno del palacio ducal, concretamente en la calle San Luis, confluencia con la calle San Juan de Dios, edificio que sobrevivió hasta el último tercio del pasado siglo XX.

Durante el siglo XIX, esta casa sería cuna y escuela de varios de sus vástagos que cobraron mayor renombre dentro del ámbito nacional en el panorama político, militar, social y cultural del período decimonónico.

Con tan sólo veintiséis años, el joven capitán de Caballería, Miguel Núñez de Prado y Rodríguez contrae matrimonio con la cordobesa María Concepción Susbielas y Sans, el 26 de agosto de 1880[1]. Fruto del enlace nace su primogénito, el 30 de mayo de 1882, siendo bautizado un día más tarde con el nombre de Miguel Fernando Juan Rafael de la Santísima Trinidad en la Parroquia de Santiago.[2]

Desde muy joven, “Miguelito Núñez como le llaman aquí muchos”, al igual que su padre y abuelos, declara su vocación militar y, heredando así la tradición familiar, se enrola en el arma de Caballería. Desde sus comienzos en la milicia, el joven oficial se halla en la vanguardia española del ejército de África, formando parte del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas. El 14 de mayo de 1912 cae por primera vez herido cuando participa, como teniente de un tabor de Caballería, en la ocupación del Aduar de Haddu Al-Lal Kaddur.

Durante el fatídico verano de 1921, un episodio de los vividos en la campaña de Annual es escrito con el heroísmo y la sangre derramada por una columna comandada por el ya teniente coronel de Regulares nº 2 de Melilla, donde vuelve a ser gravemente herido. Así lo narra Hernández Mir en su libro Del Desastre a la Victoria (1921 – 1926). Ante las hordas del Rif:

 “[Día 16 de julio de 1921] Durante dos horas, las mías, que han reaccionado vigorosamente se mantienen firmes ante la puja de los jarqueños; pero como la situación es crítica sale de Annual una fuerte columna mandada por el teniente coronel Núñez de Prado, que en duro combate derrota completamente a los jarqueños, los bate en la retirada, los rechaza nuevamente en un momento que reaccionan y les causa considerable número de bajas, siendo también importantes las de nuestros efectivos.

[…] El día 17 lleva Núñez de Prado un convoy, desde Annual, sin que se le hostilice, porque las jarkas se dedican con preferencia a la labor de construir trincheras en los sitios más adecuados para dar efectividad al que proyectan. […] Y, en efecto, se organizan en Annual tres columnas de socorro, al mando respectivamente del comandante Alfaro, del teniente coronel Núñez de Prado y del comandante Romero. Las tres baten con denuedo y tratan de cumplir la misión que se les confía; pero la desgracia es firme compañera de aquel ejército tan duramente puesto a prueba; son heridos Núñez de Prado y Romero, mueren los capitanes Zapino y Nuevo, y tenemos en total ocho bajas de jefes y oficiales y 152 de tropa.”[3]

Tras ser herido en un brazo y perder gran cantidad de sangre, Núñez de Prado es evacuado a un hospital de Melilla, donde es intervenido y consigue recuperarse. La noticia llega a Montilla, y su padre, ya General de División retirado, se traslada a Melilla para visitarlo.[4] El día 23 de ese mismo mes, muere defendiendo la posición de Afrau otro montillano: el teniente de Artillería Francisco Gracia Benítez.[5]

Miguel Núñez de Prado, con uniforme del Grupo de Fuerzas Regulares, luce la Medalla Militar Individual

Una vez recuperado totalmente continúa destinado en Melilla. Por Real Orden de 25 de enero de 1923, el Rey Alfonso XIII “concede al teniente coronel de Caballería D. Miguel Núñez de Prado y Susbielas, jefe del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla núm. 2, quien recibió la Medalla Militar Individual por su labor de conjunto en el mando de tropas en el territorio de Melilla y, especialmente, por el intento de abastecimiento a Igueriben realizado el 19 de julio de 1921”. La medalla le fue impuesta el 11 de enero de 1923, en el campamento de Dar Drius, a la par que al comandante Francisco Franco.

En 1924, el Ayuntamiento de Montilla organiza un ardoroso homenaje a sus valerosos paisanos que han participado en la guerra de África. Al fallecido teniente Francisco Gracia Benítez se le inmortaliza con la colocación de una lápida en su casa natal de la calle Gran Capitán y la rotulación con su nombre de la principal arteria de la ciudad, la Corredera. Asimismo, el ya ascendido coronel Núñez de Prado y Susbielas es nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad, haciéndole entrega de un bastón de mando por parte de la Corporación Municipal.[6]

Miguel Núñez de Prado asciende a General de Brigada en 1925 y la noticia se hace pública en nuestra ciudad a través de la revista “Montilla Agraria”, como también se hace eco del acuerdo municipal para rotular la calle Fuente Álamo con su nombre y grado castrense, pasando a llamarse General Núñez de Prado y Susbielas.[7]

El Directorio de Primo de Rivera, nombra en 1926 al militar montillano gobernador de la Guinea Española, cargo que desarrolló hasta 1930. Durante estos cuatro años de su tutela sobre las posesiones españolas en el trópico africano, Núñez de Prado organiza y gestiona un creciente desarrollo que acontece a la colonia hispana en su devenir histórico. Sus trabajos son recogidos por el escritor Julio Arija, en su libro La Guinea Española y sus riquezas. Estudios coloniales, editado por Espasa Calpe en 1930. En su capítulo sexto, titulado El presente colonial, Arija diserta sobre los avances acaecidos durante el gobierno de Núñez de Prado, de los cuales hemos tomado algunas de sus reseñas más significativas.

“Nuestra magnífica colonia de Guinea se encuentra actualmente en período de progresiva evolución, en los inicios de su franco desarrollo y florecimiento. Esta evolución, este impulso inicial de su resurgimiento, data de mediados del año 1926, pocos meses después de haberse hecho cargo de la gobernación de aquellos territorios el general Núñez de Prado y ocupar la Dirección General de Marruecos y Colonias, entonces creada, el general Gómez Jordana.

[…] Desde el momento de su arribo, el general Núñez de Prado, primer numen colonista llegado con cargo oficial a aquellas latitudes, hombre de inteligencia despierta, gran capacidad y verdadero patriotismo, apreciando en seguida el inmenso valor potencial de aquellos territorios integrantes del último resto colonial que conserva España; percatado prontamente de los complejos problemas que, planteados desde tiempo viejo, era imperioso resolver con toda premura para redimir de una vez y ¡al fin!, a la hermosa Guinea española que yacía postrada en el más injusto y desdeñoso olvido nacional, concibió un programa mínimo que, elevado al Gobierno, tuvo la virtud de despertar la atención de los Poderes públicos sobre aquellas posesiones, hasta obtener una eficaz cooperación económica.

De toda la obra, muy discutible, realizada por la Dictadura, sálvese como un completo acierto la protección otorgada a la colonia, concediéndole en 1926 un crédito extraordinario que ascendía a 22.785.000 pesetas para las obras públicas más apremiantes: carreteras y caminos; obras y señales marítimas; estaciones radiotelegráficas y redes telefónicas; embarcaderos, barcas de paso y dragas; construcción de hospitales a la moderna en Santa Isabel, San Carlos y Benito; fundación de una escuela graduada con internado para indígenas; escuelas en todo el territorio; pabellones para funcionarios; instalación de una granja agrícola con laboratorios y campos de experimentación, etc., etc.

[…] En cosa de un año, todos los ramos de la administración pública quedaron reorganizados, debidamente atendidos los servicios, dignificados los cargos y Astrea tuvo su templo en la colonia, ocupado hasta entonces por las Euménides, erigidas en poder. Y entre las grandes y radicales mejoras que gradualmente fue implantando Núñez de Prado en la colonia encaminadas a su necesario resurgimiento y desarrollo natural, pronto le llegó el turno a la Sanidad, cuyos servicios venían adoleciendo de carencia de efectividad, pues ni se tenía plan alguno definido, ni se la tuvo jamás al nivel que las circunstancias exigían en un país virgen de clima tropical.

[…] Poliforme y amplísima la actuación de Núñez de Prado, ayudado en todo momento por la Dirección General de Marruecos y Colonias, ningún extremo de interés verdaderamente colonizador se escapó a su estudio y a su más rápida solución.

[…]Evinayón, fue lugar elegido por Núñez de Prado para instalar la capital política de la colonia. […] A más de esto, acudiendo en sentido humanitario a ayudar a los indígenas a elevarse poco a poco en la escala de la civilización, de acuerdo con la Dirección General de Colonias, ha reorganizado Núñez de Prado el Patronato de Indígenas, corporación oficial con plena personalidad jurídica, patrimonio propio y capacidad suficiente para poseer, adquirir y enajenar bienes de todas clases…”[8]

Tras su prestigiosa etapa colonial vuelve a la Península en 1931, donde participa activamente en la creación del nuevo modelo de Estado republicano para la nación. En 1933 es promovido a General de División. Un año más tarde, ocupa una de las tres inspectorías generales del Ejército. En enero de 1936 es nombrado Inspector General de Aeronáutica, por lo que algunos historiadores lo llaman el “padre de la Aviación Española”. El 17 de julio, tras conocer el alzamiento del ejército de Marruecos, es llamado por Casares Quiroga, presidente del Gobierno republicano, para nombrarlo Inspector General del Ejército, y así intentar hacerse cargo de la grave situación militar del momento. Durante la madrugada del día siguiente el ejecutivo no reacciona, Núñez de Prado realiza varias gestiones para que la aviación no se sume a la sublevación. Horas más tarde, decide trasladarse en avión a Zaragoza para sustituir al general Cabanellas y tomar posesión de la 5ª División Orgánica. Tras una entrevista con el gobernador civil, se dirige al cuartel general, donde intenta convencer al general Cabanellas para que no se subleve. Es detenido y trasladado a Pamplona, donde es puesto a disposición del general Mola, quien ordena su fusilamiento.[9]

Miguelito Núñez, el hijo predilecto, héroe africano, gobernador de la Guinea, inspector general del Ejército, es olvidado. En el capítulo ordinario del 12 de septiembre de 1936, la Comisión Gestora Municipal decide por unanimidad cambiar la rotulación de la calle General Núñez de Prado, antigua Fuente Álamo, y dedicársela al General Franco. En la actualidad, setenta años después de su trágica desaparición, en ninguno de los monolitos públicos, de ambos bandos, que recuerdan a los caídos montillanos en la Guerra Civil, aparece el nombre de nuestro paisano Miguel Núñez de Prado y Susbielas.

*Artículo publicado en julio de 2006, en la revista local "La Corredera", nº 50.

FUENTES


[1] Archivo Parroquial de Santiago de Montilla (APSM). Libro nº 38 de matrimonios, f. 140 v.
[2] APSM. Libro nº 103 de bautismos, f. 24 v.
[3] HERNÁNDEZ MIR, F.: Del Desastre a la Victoria (1921 – 1926). Ante las hordas del Rif. Imprenta Hispánica. Madrid, 1926. ps. 51 – 58.
[4] Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque (FBMRL). Revista Montilla Agraria. Año III, nº 40, p. 8.
[5] Del Desastre a la Victoriap. 121.
[6] FBMRL. Montilla Agraria. Año V, nº 103, ps. 4 – 5.
[7] Montilla Agraria. Año VI, nº 133, p. 8.
[8] ARIJA, J. La Guinea Española y sus riquezas. (Estudios coloniales). Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1930.
[9] VV.AA. La Guerra Civil española mes a mes. Tomo II. p. 121. Unidad Editorial, S.A. Madrid, 2005.

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