miércoles, 9 de julio de 2014

LA PILA BAUTISMAL DE SAN FRANCISCO SOLANO*

Pila bautismal de la Parroquia de Santiago
Centenaria es la costumbre que los montillanos mantienen cuando bautizan a sus vástagos en la pila de la Parroquia matriz de Santiago. Ello obedece a que en este vaso pétreo de cristianar recibió las benditas aguas el patrón de la localidad, San Francisco Solano. La universal fama de santidad del seráfico Solano, hizo que todo aquello que recordase o tuviese vinculación alguna con su estancia en la villa que lo vio nacer, fuera un preciado testimonio y valiosa reliquia para sus paisanos y devotos.
Así lo entendió el arcipreste Luis Fernández Casado (1872 – 1953) quien, tras varios intentos fallidos de dignificar la ubicación del baptisterio parroquial, aprovechó unas obras de urgencia que se acometieron en el muro lateral izquierdo de la capilla de San Miguel Arcángel que amenazaba con desplomarse hacia la calle Escuchuela.

Para emprender tal proyecto, el docto párroco organizó una comisión compuesta por el sacerdote Amador Rodríguez, el diputado provincial José Cuesta, el conde de la Cortina Francisco de Alvear, el profesor y escultor Manuel Garnelo y el médico Antonio Cabello de Alba, así como por los recordados montillanos Rafael Gracia, Francisco Salas, Rafael Luque y Félix Valderrama, los cuales se reunieron por vez primera en la sacristía de la desaparecida iglesia de San Francisco de Asís el miércoles 13 de septiembre de 1916. 

El arcipreste Luis Fernández expuso a los asistentes su idea de cambiar de ubicación de la pila bautismal desde su emplazamiento original (a la entrada de la nave de la Epístola, junto a la puerta de la torre y campanario) y su traslado a la citada capilla de San Miguel, que estaba reconstruyéndose, ampliando así el espacio para celebrar el sacramento del bautismo y decorando el nuevo establecimiento con motivos solanistas que recordaran y enaltecieran la valiosa pieza gótica donde fuera cristianizado el hijo de Mateo Sánchez y Ana Ximénez, el 10 de marzo de 1549. Tras la explicación de la propuesta, se acordó encargar un proyecto al artista Manuel Garnelo y Alda, allí presente, para que recogiera todas las inquietudes tratadas en la reunión.

A la semana siguiente volvió a reunirse la comisión, en la que Manuel Garnelo presentó su proyecto y presupuesto aproximado de las obras, que ascendía a 5.793 pesetas. Según el diseño del escultor montillano, el nuevo baptisterio iba a significar un santuario de exaltación solanista, al objeto de que toda la ornamentación y decoración estuviera ligada a pasajes de la vida y milagros del patrón de la ciudad.

Las obras se comenzaron con 2.000 pesetas que fueron concedidas por el Ministerio de Gracia y Justicia. A esta cantidad se le sumaron 1.000 pesetas que aportó Manuel Garnelo, en concepto de cuatro medallones de escultura en relieve que formaban parte del proyecto. Para sufragar el resto de los gastos, la comisión decidió abrir una suscripción popular creando una lista de donativos, encabezada por el mismo arcipreste con la entrega de 100 pesetas. El total del coste se tardó varios meses en alcanzarlo y como podemos apreciar en la revista dominical Eco Parroquial, órgano de las parroquias de Montilla, fueron muchos los montillanos que sumaron su donativo y su nombre a la citada suscripción.

Meses después, el proyecto diseñado por Manuel Garnelo fue una realidad. La atención que siempre tuvo el artista con su pueblo quedó patente por la gran cantidad de iniciativas culturales montillanas de las que fue partícipe. De hecho, siempre que sus obligaciones se lo permitían, pasaba en su cuidad natal las vacaciones estivales y las festividades anuales, que aprovechaba para visitar a sus familiares y amigos.

 La decoración del baptisterio es una exaltación a la vida y obra de San Francisco Solano.
En la actualidad, podemos contemplar en la Parroquia de Santiago –solar garneliano por excelencia– las obras y remodelaciones que se llevaron a cabo entre los años 1916 y 1918 a iniciativa del celoso y culto arcipreste Luis Fernández y que fueron sufragadas por suscripción popular “ya que a todos toca el interés de conservar dignamente la pila de San Francisco Solano, y todos deben sentir el aplauso o la censura del forastero que encontrándose en Montilla sienta la sana curiosidad de ver lo importante de la ciudad entre cuyos monumentos notables se encuentra la repetida pila”.

El escultor Manuel Garnelo

Manuel Garnelo y Alda (1878 - 1941)
Manuel, hijo de José Ramón Garnelo y Josefa Dolores Alda, nace en Montilla el 1 de enero de 1878. Su enseñanza básica la recibe en la localidad de la Campiña Sur, si bien con doce años se traslada a Roma de la mano de su hermano José Santiago, que estaba pensionado en la Academia Española. 
Desde sus primeros pasos en el arte se decanta por la escultura, asignatura que cursa durante dos años en la Ciudad Eterna, impartida por el insigne Aniceto Marinas. En 1892 –con sólo catorce años– recibe su primera mención honorífica en la Exposición Nacional de Madrid, con su obra Tota pulcra est María. Completa su formación artística en la Escuela Superior de Bellas Artes de la capital española. En 1899 consigue una plaza, por oposición, de pensionado en Roma, donde continúa los cuatro años siguientes con sus estudios de Dibujo y Escultura.

Tras terminar su etapa formativa, obtuvo la plaza de profesor numerario de Carpintería Artística en la Escuela de Bellas Artes de Granada, donde desarrollará toda su trayectoria profesional.

Sus obras de académico fueron premiadas y elogiadas por la crítica coetánea, la mayoría de las cuales fueron llevadas a exposiciones nacionales y adquiridas por el Estado. En Montilla se conserva una buena muestra de sus trabajos escultóricos y decorativos, repartidos por las distintas iglesias, edificios públicos y casas particulares de nuestra ciudad.

Manuel Garnelo y Alda falleció el 4 de mayo de 1941 en Loja (Granada), ciudad natal de su segunda esposa, y el mismo lugar donde pasó los últimos años de su vida otro montillano ilustre: Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán.

*Artículo publicado en el Diario Córdoba, el 11 de julio de 2007.






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