domingo, 9 de diciembre de 2012

EL MAESTRO JUAN DE ÁVILA Y LAS PRIMERAS EDICIONES DE SUS OBRAS (III)



Las primeras ediciones generales de las Obras del Maestro Juan de Ávila

Retrato del Maestro Ávila, grabado por Juan Bernabé Palomino (s. XVIII)
Tras la publicación de la biografía del Maestro Ávila, Juan Díaz continúa con su incesante labor editorial entre la villa y corte y las urbes universitarias cercanas a ella. En estos enclaves intelectuales cuenta con el apoyo de los jesuitas, además de ser el ámbito más adecuado para la lectura y difusión de las obras avilistas, propagándose así su conocimiento y estudio con mayor facultad y erudición.

En los últimos días de 1593 el anciano Juan de Villarás redacta y rubrica su última carta de poder destinada a Juan Díaz, que residente en Madrid le permitirá en adelante publicar todas las obras que dejara escritas el Venerable Maestro Ávila y que Villarás había heredado.

La misiva es verificada ante escribano público ya en el preludio del nuevo año y, en ella, el fiel discípulo y morador de la casa del Maestro Ávila cede todos sus derechos editoriales al clérigo Díaz. Dado su interés, por la cantidad de datos que ofrece la reproducimos íntegra:

“Sepan quantos esta carta de Poder vieren como yo Jhoan de Villarás clérigo presvítero vecino que soy en esta villa de Montilla otorgo y conozco por el tenor de la presente carta como heredero universal que soy del Maestro Jhoan de Ávila Predicador en el Andalucía que es en gloria  que doy e otorgo todo mi poder cumplido bastante quanto del derecho se requiere a Jhoan Díaz clérigo presvítero estante en la villa de Madrid  que esta ausente para que para el mismo y en su mismo fecho y causa propia pueda imprimir quales quier libros y tratados de los scriptos que dexó el dicho Maestro Jhoan de Avila de cosas del Santísimo Sacramento y de ntra. Señora y de las bien aventuranzas y de los evangelios y avisos para confesores predicadores y obispos y en raçón dello pueda pedir al Rey ntro. Señor y los Señores de su Real Consejo quales quier previlejio y previlejios y en raçón de la dicha impresión pueda hacer quales quier conciertos con quales quier libreros en la cantidad  de la manera que le pareciere y para que pueda vender los libros que ansi se imprimieren por los precios y según que fueren tasados y recivir los maravedis porque los vendiere y hacer y disponer de todo ello como de cosa propia suya que para todo ello y en raçón dello hacer todas las demás diligencias que convengan y fueren necesarias para que tenga cumplido efecto lo susodicho le doy poder bastante y le cedo todos mis derechos y acciones y lo establezco procurador en su mismo hecho y causa propia y según y de la misma manera que yo lo pudiera hacer sin limitación alguna y para firmeça dello obligo mis bienes avidos y por aver y doy poder a las justicias para su execución y cumplimiento como por sentencia pasada en cosa juzgada y renuncio las leyes de mi defensa y la general del derecho y en testimonio dello lo otorgue ante el escribano y testigos y uso scriptos en cuyo registro lo firmo de mi nombre que es fecha y otorgada en la dicha villa de Montilla en veinte y nuebe días del mes de diciembre de mil y quinientos y noventa y tres años siendo testigos presentes a lo que dicho es Baltasar de los Reyes criado del dicho Juan de Villarás y Pedro Martínez de Rivera y Juan Pérez del Campo hijo de mi el escribano vecinos desta villa e yo el escribano ynfraescripto doy fe que conozco al dicho otorgante. Terminado dezia y en cuanto al nacimiento de Ntro. Savaldor y redentor Jesuxpto de mill y quinientos y noventa y quatro años. Juan de Villarás [rúbrica] Jerónimo Pérez escribano público y del Cabildo [rúbrica].”[1]

Tras llegar la epístola a manos de Juan Díaz, éste comienza a componer los textos avilistas y a unirlos bajo el título general de Obras del Padre Maestro Juan de Ávila que, debido a su extensión, divide en tres partes.

Por estas fechas, el impresor madrileño Luis Sánchez ultima una reimpresión del Audi, filia. Una vez concluida, comienza a estampar los primeros pliegos de la primera y segunda parte de las esperadas Obras, que ven la luz en 1595 en un solo volumen. Entre tanto, su vecino y análogo Pedro Madrigal compone su máquina impresora para plasmar la tercera parte de la producción espiritual del Maestro Ávila, que aparece en un solo tomo un año después en la villa y corte de Felipe II.

Portada de la obra "Dos Pláticas hechas a sacerdotes", impresa en 1601
Al mismo tiempo que las Obras generales del Padre Ávila se editan conjuntamente en Madrid, también se siguen imprimiendo sus escritos menores de forma independiente en otras ciudades de la vieja Europa. En la afamada imprenta Plantiniana de Amberes se estampa Reglas de bien vivir en versión castellana y francesa.

En aquel fecundo año (1595) de divulgación de los tratados avilistas, ve la luz por vez primera Dos pláticas hechas a sacerdotes, folleto impreso en Córdoba en el taller de Andrés Barrera. Un lustro después, este opúsculo se reimprime en Roma por Esteban Paulino en castellano e italiano. Al año siguiente es el tipógrafo Luys de Paz  quien lo prensa en su taller de Santiago de Compostela. Al mismo tiempo, en Florencia se vuelve a editar el Epistolario espiritual en italiano, siendo estampado por Cosimo Giunti en 1602.

En este periodo Juan Díaz se encontraba en Andalucía, acaso pudiera haberse trasladado hasta Montilla para asistir a los funerales de Juan de Villarás, que fallece el 6 de marzo de 1602[2]. En los sucesivos meses reside en Sevilla, donde prepara la segunda edición general de las Obras, que son impresas en los talleres tipográficos de Bartolomé Gómez y Francisco Pérez en 1603 y 1604 respectivamente. Tras esta edición hispalense, los escritos del Apóstol de Andalucía serán publicados reiteradamente en varios idiomas por toda Europa hasta nuestros días, añadiendo nuevas epístolas y tratados menores que el Maestro Ávila había dirigido a sus discípulos.

Una vez publicadas la mayor y más importante parte de las obras avilistas, la Congregación de Sacerdotes Naturales de Madrid inicia en 1623 el Proceso para la beatificación del Venerable Maestro Ávila. Este será el primer peldaño de un largo y continuo ascenso de siglos, donde las palabras predicadas en los púlpitos andaluces, ya impresas, le conducirán hacia la gloria de los altares y al reconocimiento apostólico de su ascética y docta pluma por parte de la Santa Sede.

NOTAS

[1] ANPM. Escribanías S. XVI. Leg. 41, fols. 1221 y vuelto.
[2] APSM. Abecedario de entierros, s/f. Año, 1602.

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