viernes, 15 de abril de 2011

UN PASEO POR EL ANTIGUO BARRIO DEL SOTOLLÓN


No hay en Montilla barrio más cofrade que el viejo barrio del Sotollón. Y esta rigurosa afirmación la manifiesta la memoria indeleble de nuestra ciudad. Os invito a dar un paseo por esta singular y popular barriada en el que vamos a conocer algo mejor las iglesias, humilladeros, capillas y cruceros que durante siglos fueron objeto de veneración por los vecinos de sus calles.

En los contornos del camino Real de Lucena, su arteria principal, durante el siglo XVI emerge y se desarrolla uno de los barrios más poblados y dinámicos de la naciente villa cabecera del marquesado de Priego, que despertaba de un letargo medieval con el espíritu laborioso y renacentista de sus convecinos. La vía principal, llamada desde sus orígenes Sotollón y Fuente Álamo, toma esta denominación por el tránsito del itinerario natural que se dirige a Monturque, y que dicha calzada cruza por la citada fuente y más adelante por el pago y molino del Sotollón que, cercano al río Cabra, deslinda las últimas heredades del término montillano con las del aguilarense.

La centenaria calle Fuente Álamo, hacia 1915, arteria principal del barrio del Sotollón

La antigua calle del Sotollón tuvo su origen en la plazoleta del mismo nombre, que hoy corresponde a la confluencia de las calles Santa Ana, Enfermería, Ballén y San Francisco Solano. Continuó creciendo hacia el sur, donde los nuevos vecinos construirán sus viviendas en los solares aledaños a la calzada hasta alcanzar la ermita de San Roque, que fuera levantada extramuros de la villa por aquellos años como escudo espiritual de las epidemias. Desde su fundación, esta ermita albergó una cofradía que rendía culto y fiesta el día 16 de agosto al santo peregrino, e igualmente veneraba cada año una imagen filial de Nuestra Señora de la Sierra de Cabra.

Con el paso de los años, a la vía principal comenzaron a brotarle calles aledañas, que a su vez se entramaron con el barrio de San Sebastián al levante, y con el barrio de la Puerta de Aguilar al poniente. Estas últimas fueron denominadas: Ramos y después Rosales, a la que le seguía la de Muñiz, donde existió una capilla dedicada a Nuestra Señora de Antequera, las confluentes de Aparicio, Ortega, y Horno Nuevo, que junto a la calle Parra –también conocida por Cantarería– y Santiago no llegaron a cubrirse de viviendas hasta los primeros lustros del siglo XX.

En las calles con salida al campo (Fuente Álamo, Parra, Santiago y Puerta de Aguilar) en su puerta o portillo –como eran denominadas las entradas de inferior importancia a la villa– existía una capilla, crucero o triunfo de la Cruz, generalmente con pedestal de piedra y aspa de hierro, simulando una salvaguardia espiritual sobre la población, cuyo vecindario se congregaba en hermandad cada 4 de mayo para celebrar la festividad de la Invención de la Santa Cruz alrededor del monolito, que adornaban e iluminaban en su víspera y donde un presbítero se acercaba para exaltar las gracias y protección vital de la señal inequívoca de la cristiandad.

Por el lado opuesto, con el paso de los años se configuraba el barrio de San Sebastián, que ascendía por la calle de la morada del alguacil mayor de la villa Juan Colín que desembocaba en la Silera del marqués de Priego. Hasta la misma plaza donde se guardaban los granos y semillas, subía desde el Sotollón la calle de la Sala de la Silera, cuyo nombre obedece a la vivienda y oficina del administrador del citado granero.

También comunican la vía principal con la de Juan Colín, la calle Alamillos y su continuación con la de Pavón, apelativo alusivo al acaudalado vecino Andrés López Pavón, fundador de la capilla de San Andrés de la parroquial de Santiago en 1562, y que más tarde pasó a rotularse de la Almona, en recuerdo la fábrica de jabón instalada en aquel lugar por los señores de Montilla y marqueses de Priego.

A su vez, éstas se comunican por la Gavia con la calle Fuentes, patronímico que nos recuerda a uno de sus más populares y antiguos vecinos, el francés Guillén de Fuentes; asimismo residió en esta calle la familia materna de nuestro patrono San Francisco Solano, donde estaba ubicada la casa del hijodalgo y alcalde ordinario Gonzalo Ximénez Hidalgo, abuelo del Apóstol de América.

Cercana a la silera del marqués, en el altozano de San Cristóbal, existió una ermita dedicada al santo portador de Cristo, que levantada entre olivos su propietario, Alonso Sánchez Recio de León, donaba a la Orden de San Agustín en 1519, para que sobre ella y la finca circundante fundaran un convento. Así fue, y un año más tarde ya moraban los primeros frailes ermitaños, que bajo la protección del marquesado de Priego construyeron en los sucesivos lustros el actual complejo desamortizado de la iglesia y convento que dedicaron a su fundador.

Fueron los agustinos los verdaderos artífices y promotores del gran crecimiento del barrio del Sotollón. Dieron origen a las calles Ancha y La Prieta, ya que los terrenos que ocupaban las mismas era un olivar propiedad del convento, que en 1553 los frailes acordaron parcelar y ofrecer la adquisición de los solares resultantes bajo la cómoda fórmula del censo, cuya cuantía económica era redimida mediante pagos anuales, lo que  provocó que el cerro de San Cristóbal se poblara rápidamente.

A este establecimiento material de la población, los agustinos añadieron un acercamiento espiritual de los montillanos con la creación de cinco cofradías en su iglesia durante las últimas cuatro décadas del siglo XVI, con las que ofrecían servicios religiosos y sociales –tales como limosna en caso de enfermedad y entierro digno a su muerte– a todos aquellos que ingresaran en sus filas. A la sazón fueron fundadas las corporaciones de Ntra. Sra. de Gracia en 1561, Ntra. Sra. del Tránsito en 1582, Soledad y Angustias de Ntra. Sra. en 1588 –encargada de escenificar el acto del Descendimiento en el atrio conventual–, Jesús Nazareno y Santa Cruz de Jerusalén en 1590, y San Nicolás de Tolentino en 1599. Ya en el siglo XVII se erigieron las hermandades de Ntra. Sra. de la Correa, Santa Rita de Casia, y la ilustre cofradía de la Misericordia en 1674, que rendía culto a Santo Tomás de Villanueva y auxiliaba a los presos de la cárcel.

La calle del Sotollón pasó a llamarse "San Francisco Solano" en 1894
En su devenir, la popular calle del Sotollón tenía reservada una de las páginas más importantes de la historia religiosa de la ciudad. En marzo de 1549 nace en una de sus casas el que a la postre será San Francisco Solano, hijo de Mateo Sánchez Solano y Ana Ximénez Hidalgo, que residían en esta calle desde la formalización de su matrimonio once años antes. Para que sirva como apunte y muestra del fervor cofradiero de este barrio, hemos de recordar que Mateo Sánchez fue hermano de las cofradías del Santísimo  Sacramento, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. de Gracia y de la Santa Vera Cruz, en la que hacía penitencia la noche del Jueves Santo, revestido con su propia “túnica con su capirote y cordón”. Igualmente, su esposa Ana Ximénez en sus últimas voluntades confiesa su veneración por Ntra. Sra. del Rosario y  Ntra. Sra. del Tránsito, imágenes titulares de sendas hermandades.

El nombre del mejor de los montillanos reemplazó al Sotollón en la rotulación de la vía en 1894, y la casa del Santo Solano se convirtió en santuario para los habitantes de la ciudad, que comenzaron a construir en su honor a partir de 1681, tras la beatificación del franciscano, montillano y universal. Con el paso de los años, en este templo se crearon corporaciones de fieles en torno a nuevas advocaciones. Desde los inicios, radica la Obra Pía de San Francisco Solano, en 1700 se funda la cofradía de Ntra. Sra. de la Aurora, también tuvo su sede la Orden Tercera de San Francisco, que se trasladó del oratorio de San Luis ya en el siglo XVIII, y por último se estableció en el templo solanista la Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia y María Stma. de la Caridad en 1994.

Como se puede apreciar en este breve paseo por la memoria del antiguo barrio del Sotollón, desde sus orígenes ha mantenido una intensa vitalidad cofrade y religioso-popular en sus distintas iglesias, ermitas, capillas y humilladeros repartidos por su entramado urbano, cuya arteria principal este año acoge en su seno a la Hermandad del Sagrado Descendimiento, que en cabildo general de hermanos celebrado el día 20 de febrero de 2010 decidió construir una casa y templo para honrar a sus Sagrados Titulares en el corazón de este noble y afanoso barrio, que a buen seguro su vecindario prohijará como tantas veces lo ha hecho durante sus cinco siglos de historia.

domingo, 3 de abril de 2011

PEDRO FREILA DE GUEVARA Y SU OBRA EN MONTILLA. III. EL PASO DE LA ORACIÓN EN EL HUERTO.

A Manolo Jiménez Velasco, ejemplo a seguir.

Para este número especial de Semana Santa hemos reservado el tercero de los trabajos que venimos dedicando al artista Freila de Guevara. En esta ocasión, vamos a publicar un contrato firmado entre los fundadores de la dispersada cofradía de la Concepción Dolorosa y el escultor granadino, en el que éste se compromete a realizar el misterio de Jesús en la Oración del Huerto, cuya imagen principal aún recorre el Jueves Santo las calles de nuestra ciudad.

Los inicios de la cofradía de la Limpia Concepción

Los primeros lustros del siglo XVII se caracterizarán en la piedad popular andaluza por un inusitado fervor inmaculista, que desembocará en el voto y juramento de sangre por la defensa del misterio de la Pura y Limpia Concepción de la Virgen María. A este fenómeno religioso se sumarán incontables cofradías y hermandades, que ya existen en aquellos años o se fundan bajo la advocación votiva.

Tal es el caso de la cofradía montillana de la Limpia Concepción, que nace en los albores de 1625 y se establece en otra ermita mariana, la de Ntra. Sra. de los Remedios, que, con el correr de los siglos, acabará siendo la iglesia del convento-hospital de San Juan de Dios.

Las ordenanzas por las que se van a regir en adelante le son aprobadas por el obispado de Córdoba el 9 de junio de ese mismo año[1]. No obstante, unos meses antes ya aparecen constituidos como cofradía en una escritura donde rubrican el encargo del paso evangélico de la Oración en el Huerto, que confían al artista Pedro Freila de Guevara “vecino de la ciudad de Córdoba y maestro mayor della del dicho su oficio según lo declaró y dijo que se obligaba e obligó de dar hecha y acabada a la cofradía de Nuestra Señora de la Limpia Concepción y Oración en el Huerto que se funda y levanta en esta villa de Montilla”[2].


Cristo en la Oración del huerto, obra de Freila de Guevara, 1625.
El convenio con Freila de Guevara

Los oficiales de la nueva cofradía, encabezados por su hermano mayor, Salvador Rodríguez de Baena, comparecen junto a Pedro Freila de Guevara en la escribanía pública montillana de Antonio Rodríguez Franco el 20 de abril de 1625, para levantar acta del acuerdo establecido con el maestro mayor de Córdoba, que se compromete a entregar “acabada de escultura y encarnación una imagen y figura de Cristo nuestro redentor de la oración del huerto, de madera que pueda mover las piernas y brazos y los brazos desde el codo a la mano y las piernas desde encima de las rodillas abajo, y el rostro y parte del pecho encarnado y a de ser de estatura de dos varas y dos dedos desta mano”, y, anecdóticamente, para que no surjan dudas sobre el tamaño de la nueva efigie toman como modelo “el Cristo de Jesús el Nazareno que está en el convento del señor San Agustín desta dicha villa”[3].

Luego, de haber especificado la hechura de la imagen principal, acuerdan entre ambas partes las características de las imágenes secundarias del misterio, como son los apóstoles Juan, Pedro y Santiago, que acompañaron a Jesús en aquel pasaje evangélico: “y asimismo hará acabadas otras tres figuras de los santos apóstoles san Pedro y san Juan y Santiago de pies y manos en otros a de ser conforme la dicha imagen de Cristo que va referida en esta escritura”, y, asimismo, para concluir el grupo también “dará fecho y acabado un ángel encarnado los pies y manos y rostro con una cruz y con cáliz cuya escultura a de ser de tres cuartas y la estatura de los apóstoles a de ser de seis cuartas”[4].

Tras convenir las medidas, el autor adquiere el compromiso de realizar “todas las cuales dichas imágenes [y] se obligó por esta escritura de hacerlas y darlas de la forma que va declarado, bien acabadas así de buena escultura a contento y satisfacción del dicho hermano mayor y oficiales de la dicha cofradía de nuestra señora de la Limpia Concepción”.

El acuerdo notarial también recoge las fechas de entrega del conjunto escultórico. La primera imagen que habría de acabar sería la de Cristo, cotitular de la cofradía, para el día 15 de julio del año corriente, y el resto de las obras “las dará y entregará en la dicha ciudad de Córdoba para el día de las carnestolendas del año que viene de 1626”[5].

El precio estipulado por el conjunto artístico alcanzó 155 ducados, que serían aportados en tres pagos y en la moneda usual, el real. A la firma del contrato se adelantarían 300 reales, luego, a la entrega de la hechura del Cristo, la mitad del resto del total –que suponía unos 700 reales– y la otra mitad, como finiquito, cuando la cofradía retirase de su taller cordobés las figuras secundarias de los tres apóstoles y el ángel, ya en el año siguiente.

En el oficio legal asentado por el escribano Rodríguez Franco también quedaron recopilados los nombres de los fundadores y primeros regidores de la corporación de la Concepción Dolorosa, que a saber fueron: el citado Salvador Rodríguez de Baena, hermano mayor, Francisco Márquez Venegas, Pedro de Luque Monturque, Antonio Rodríguez de Baena, Antón de Molina, Diego Fernández de Herrera y el presbítero Lcdo. Cristóbal de Luque Ayala.

Como podemos apreciar, entre los susodichos aparece nuevamente Pedro de Luque Monturque, hombre muy vinculado al mundo cofrade y cercano a Freila de Guevara, ya que es el único nombre que se repite en las diferentes escrituras otorgadas en nuestra ciudad por el escultor afincado en Córdoba.

Del mismo modo, llama la atención que entre los testigos de la referida escritura aparezca el nombre de Manuel Ramírez de Carrión, precursor del alfabeto manual para sordos, maestro y secretario del Marqués de Priego, y autor del libro Maravillas de Naturaleza, impreso en Montilla en 1629.

En el margen de la escritura notarial existe una nota fechada y rubricada el 12 de abril de 1627, donde se declara el cumplimiento del contrato por ambas partes[6]. El artífice Pedro Freila había entregado las cinco imágenes y la cofradía había saldado sus pagos, lo cual confirma la ejecución y autoría de las obras.

La procesión del Miércoles Santo

Como cofradía pasionista, la Concepción Dolorosa se agrega a la popular Semana Santa de la población a partir de 1626. En sus constituciones recopilan con sumo detalle lo que a la postre será su propia identidad. Como hemos referido anteriormente, eligen como misterio de la pasión de Cristo la Oración en el Huerto, que aún no se representaba en Montilla, y como penitencia hacen procesión de “sangre y luz” al modo de las hermandades –ya existentes– de la Vera Cruz y de la Soledad y Angustias. Como día apropiado optan por el Miércoles Santo, víspera de los días centrales, y realizan el itinerario fijado por las cofradías precedentes. Así queda recopilado en el capítulo cuarto de sus primeras ordenanzas: “que el Miércoles Santo antes de las Completas, todos los oficiales y cofrades de esta Santa Cofradía, estén juntos en esta iglesia, vestidos con sus túnicas y capirotes blancos de penitente y escapularios azules, y en ellos la insignia de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, y todos los mas que pudiesen sean de sangre y los demás de luz.”[7]

El guión procesional se iniciaba antes de las tres de la tarde, hora solar, cuando el campanero de la torre de Santiago hacía llegar a todos los rincones de la campiña el toque de Completas. Tras la señal, varios miembros de la cofradía, denominados alquilones, se dirigían con sus hachas desde la ermita de Ntra. Sra. de los Remedios a la parroquial de Santiago, para recoger y alumbrar a la cruz y clero parroquial que acompañaba la procesión. Una vez en la ermita, comenzaba la estación penitencial encabezada por la cruz guiona,  que era portada y alumbrada con cuatro hachas por el gremio de los Alfareros. Tras ella, el gremio de Hortelanos era el encargado de cubrir el tramo de penitentes de luz “que han de portar cuarenta hachas de cera de un pabilo que vayan ardiendo en la procesión delante del dicho paso” y portar el estandarte y andas, que eran cargadas por diez hermanos “que han de llevar en sus hombros el Paso de la Oración del huerto en toda la procesión según la forma que lo dispusieren los cabos”[8].

Hemos reconstruido la escenografía del paso que representaba el momento evangélico acaecido en el olivar de Getsemaní, donde Cristo aparece arrodillado implorante con las manos abiertas dirigiendo su mirada el cielo, vestido con una túnica de terciopelo morado con bocamangas de tafetán galoneadas en oro. Junto a Jesús, los apóstoles Juan y Santiago, hijos del Zebedeo, y Simón Pedro que se representaba portando una espada, en recuerdo de su intento de proteger a su maestro cuando fue prendido. Los tres apóstoles iban ataviados con túnica morada y capa azul. Tras la imagen de Cristo, asomaba el ángel, que portaba en sus manos un cáliz de madera  dorada. El paso de misterio era cubierto por un gran palio de tafetán azul, sustentado por diez varas de madera de haya. Todo el tramo procesional de este paso era coordinado por cuatro cabos de la hermandad, que se identificaban por los bordones de madera con sus tarjetas de hierro que exhibían.

Tras la hermandad de Hortelanos, continuaba el cortejo de la Concepción Dolorosa, que abría su guión procesional con un estandarte de tafetán azul por el marqués de Priego o por su Contador, en caso de que el noble no se hallara en Montilla. Tras él, los hermanos de luz y sangre revestidos con sus hábitos y capirotes blancos, con sus escapularios azules de la Inmaculada Concepción, que precedían al paso de la Dolorosa. La imagen de la Virgen, engalanada con una saya de damasco y manto de felpa azul con estrellas de plata de martillo y corona de plata, toda cubierta por un palio de tafetán azul con ocho varas de madera de haya y perfumada por dos pebeteros en forma de azucena.

Tras la imagen mariana titular de la cofradía, la presidencia conformada por la comunidad hospitalaria de San Juan de Dios, el clero parroquial, la capilla de música de Santiago, y la junta de oficiales presidida por su hermano mayor. La cofradía hacía estación en la parroquial de Santiago, hasta donde se dirigía el cortejo para efectuar los rezos y cantos pasionistas en el altar mayor[9].

A partir de 1671 se sumó a esta cofradía la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia, donada por el médico Juan Bernabé de Arroyo y que fue integrada en el cortejo procesional, tras el paso de la Oración en el Huerto.
Desde 1944 la Oración en el Huerto abre el cortejo procesional del Prendimiento cada Jueves Santo. Esta instantánea refleja su paso por el Llano de Palacio en 1963.

Vicisitudes acaecidas hasta nuestros días

Las últimas noticias que tenemos de la existencia de la cofradía de la Concepción Dolorosa datan de 1867. Como el resto de hermandades penitenciales, había tenido su época de esplendor hasta la mitad del siglo XVIII, y en adelante llegaron los períodos menguantes a la par que comenzaron a imperar en la sociedad española las ideologías ilustrada, afrancesada y, ya en el siglo XIX, liberal y revolucionaria, cuyas medidas políticas afectaron negativamente a las cofradías, tales como la desamortizaron de sus bienes y la privación del desarrollo de sus fines religiosos.

A partir de esta fecha, los cultos a los titulares de la extinguida cofradía fueron disminuyendo, y su organización recayó en el capellán de la iglesia desamortizada de San Juan de Dios. Este templo fue cerrado al culto en la década de los años treinta del pasado siglo XX. En 1944 las imágenes de la Concepción Dolorosa y el Cristo en la Oración del Huerto fueron solicitadas por la Hermandad de Jesús de las Prisiones, para cumplimentar así su cortejo procesional del prendimiento de Cristo en el Getsemaní. Ambas fueron trasladadas a la ermita de Ntra. Sra. de la Rosa y, nuevamente, expuestas al culto público. La Dolorosa fue restaurada y nuevamente bendecida bajo la advocación de Esperanza[10]. Desde entonces, las nuevas imágenes cotitulares se incorporan al cortejo procesional de la tarde del Jueves Santo montillano, donde se mantienen hasta nuestros días. Desde 1996 acompaña al Señor del Huerto un ángel confortador, realizado por la elegente gubia del artista cordobés Francisco Romero Zafra.

FUENTES

[1] JURADO Y AGUILAR, L.: Manuscrito histórico genealógico de Montilla, f. 54. Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. Ms. 298. [Fotocopia]
[2] Archivo de Protocolos Notariales de Montilla (APNM). Nª 4ª. Leg. 629, fols. 174 – 177.
[3] Ibídem.
[4] Ibíd.
[5] Ibíd.
[6] Vid. Nota marginal.
[7] JURADO Y AGUILAR, L.: Loc. cit.
[8] APNM. Nª 1ª. Leg. 91, fols. 367 –  368 v.
[9] Archivo Parroquial de Santiago de Montilla. Libro donde se apuntan los cabildos, que hace la Cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción que se venera en el convento de Sr. San Juan de Dios de esta ciudad.
[10] AA.VV. Memoria de la Semana Santa. Montilla, 1900 – 1965. pp. 88 – 91. Montilla, 2006.